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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

martes, 13 de agosto de 2013

LAS CADENAS DE LA INSPIRACIÓN o LA MUSA ENCADENADA


La musa observa al  escritor, desde un oscuro rincón del sótano, con ojos como platos, plagados  de lágrimas, que bañan sus pálidas mejillas. El famoso autor escribe, sin cesar, sobre el papel con un ritmo febril. Tocado por los maravillosos dedos de su musa, un torrente de ideas y bellas palabras se plasman  sobre el blanco documento. Escribe sin descanso, ajeno a los quedos sollozos de la pálida divinidad, que para nada entorpecen su arte. Es tal el poder de su musa que no se puede romper su concentración, y cada palabra que escribe se encadena con la posterior, formando un verso perfecto, y cada verso se enlaza con el siguiente, dando forma a una maravillosa estrofa, y las estrofas se hilan unas con otras, hasta crear el más prodigioso y oscuro poema jamás escrito por un hombre.

Una vez concluye el poema, vacía de un largo trago una copa de brandy. Con la copa en una mano y un afilado abrecartas en la otra se dirige, con tambaleante paso de borracho, despacio, hacia su querida musa, quien ha conseguido con el favor de sus dones hacerle artífice de la más perfecta de sus obras. Con lágrimas acumuladas, en sus ojos enrojecidos por la ingesta de alcohol, besa dulcemente los labios de la musa y acaricia su mejilla, a la vez que clava el abrecartas, en el lacerado brazo de la joven encadenada a la pared, dejando que la roja sangre brote dentro de la copa, mientras no deja de acariciar su pelo, tan dorado como el trigo en el mes de la cosecha y le susurra palabras tranquilizadoras que no tienen ningún sentido, pero que parecen aliviar su conciencia. Vuelve a su escritorio, unta la pluma en la sangre de la copa  y firma y titula su poema: “El Cuervo por Edgar Allan Poe”.

Un poema que quedará para la posteridad como una de las más grandes obras de la literatura universal.

La musa muy debilitada, por la pérdida de sangre, se sumerge en un profundo sueño en el que recuerda los juegos y cánticos junto a sus seis hermanas a las orillas del Egeo, bajo la lujuriosa mirada de Zeus y la maternal mirada de Hera, pero ha pasado una eternidad desde aquellos días felices, los Dioses se han diluido en el río del tiempo y su poder sólo es una sombra difusa en este nuevo mundo,  aún  así invoca el recuerdo de Hera y lanza una cruel maldición sobre aquel hombre que la tiene esclavizada.  Lo condena a una vida desdichada,  de amores perdidos, de sufrimiento, dolor, locura y desesperación. Él, desde el escritorio, impasible, escucha sus palabras con gesto inexpresivo, como quien no teme semejante maldición.

Años después,  la noche del tres de octubre de 1849, el famoso escritor, muy perjudicado por el láudano y el alcohol ingerido, en uno de sus habituales brotes depresivos, vaga tambaleante por las calles de Baltimore en busca de la muerte, cuando la muerte que tanto anhela viene a su encuentro.

En la fría calle, bajo la lluvia y el frío, aparecen, surgiendo de las sombras, siete mujeres con capas oscuras que ocultan sus rostros. A pesar de los perniciosos efectos del alcohol  y las drogas  que embargan su cuerpo y su mente, puede reconocer a su musa. La artífice de su talento, de sus ideas y de sus palabras. La mujer a la  que compró en un prostíbulo de  Nueva Orleans a un viejo poeta loco y moribundo, tan borracho que le contó la verdadera historia de aquella muchacha inmortal de piel pálida y cabellos rubios hasta la cintura, capaz de hacer que las ideas y las palabras afloraran a la pluma de un escritor en crisis.  Gastó todos sus ahorros en ella, pero cada moneda invertida mereció la pena, pues  cuando se encontraba cerca de ella las palabras brillaban en su cabeza como impresas a fuego. El viejo loco, además,  le contó que escribir sus obras con sangre de la musa aseguraba que lo escrito quedara grabado en la historia de la literatura. Así se lo había confesado,  en Mesolongi, Grecia, el propio Lord Byron al que el poeta robó astutamente la musa antes de que la fiebre provocada por la malaria se lo llevara.

El viejo murió pocos días después habiéndose gastado gran parte del dinero de Poe, en matarse,  ahogado en alcohol. La musa, tras largos años encadenada en el oscuro sótano de Poe, había logrado, finalmente, escapar de su captor. Inexplicablemente una noche, tras regresar del periódico donde trabajaba, encontró la puerta de su hogar abierta de par en par, corrió hacia el sótano, pero sólo halló la cadena quebrada y sobre el escritorio donde habían dado vida juntos a cada uno de sus textos, ella había dejado para él una nota de despedida en la que se encontraba escrita, con su  sangre,  la misma maldición que había murmurado entre dientes la noche en que había terminado de escribir “El cuervo”.

La reconoce al instante, como no puede ser de otra manera, incluso antes de que ella dejé caer la capucha que cubre su cara en sombras, mostrando su bello rostro de cabellos rubios y mejillas pálidas, que siempre le ha recordado al rostro magistralmente esculpido del busto de Palas Atenea.

Poe habla con voz pastosa que suena débil, como escapada de una oscura pesadilla: 

- Has de saber, amada mía, que tu maldición nada tuvo que ver en mi vida, la desgracia me persigue mucho antes de conocerte y de maltratarte, para mi vergüenza. ¡Estoy maldito desde el día de mi nacimiento!

- Siempre lo supe- asiente ella.- No tengo el poder de maldecir.

- ¿Vienes a cobrar venganza por mis malos actos? Estás en tu derecho. Hace tiempo que  aguardo a la muerte. ¿Y qué manos mejores para concederme ese deseo qué tus hermosas manos, mi amada?

- No busco venganza y la muerte no hallarás hoy en mis manos, ni en las de mis hermanas. Por mucho que ellas te odien. No las permití poner fin a tu vida, cuando me liberaron hace años, tras buscarme durante siglos, en los que pasé de las manos de un escritorzuelo con ínfulas de grandeza a las manos de otro peor. Simplemente quería verte una vez más, antes de que tu mente se nuble y se pierda para siempre uno de los mayores dones que jamás me ha sido dado contemplar a lo largo de los ríos de tiempo que he vivido.  Pues has de saber, maldito necio, que nada tuve que ver con lo que escribías, guardo mis dones para quien yo deseo. No me necesitaste nunca para escribir. Todas y cada una de tus palabras, de cada una de tus ideas, salieron de tu interior.

- ¿Entonces?, ¿vienes a perdonarme?- implora Poe desesperado.- Necesito tu perdón.

- No- niega la Musa.- Tampoco vengo a concederte el perdón. Cada cual se las apañe con el peso de su conciencia. Que tu Dios, si ése es su deseo, se apiade de tu alma, pues yo no lo haré.

- ¿Cuál es tu nombre? ¿Eso al menos me lo dirás?

La musa permanece en silencio.

- ¿Quizá Calíope, la de bella voz, o puede que la gloriosa Clío…?

- Quizá sea Leonor- responde la musa,- o quizá Anabel Lee.

- Cierto es. Siempre fuiste tú la mujer sobre la que escribía en mis creaciones, ¿lo sabes?

- Lo sé- es lo único que dice la mujer.  En su voz no se adivina tristeza, pero tampoco odio, ni rencor.

Los cuervos graznan, agoreros, en el tejado de una de las casas, bajo cuya pared se desarrolla la escena, el autor sonríe sin alegría, ante el burlesco canto de los carroñeros que se acumulan en el tejado.

- Que irónico- murmura.

La Musa  acaricia el desaliñado rostro del escritor, casi con cariño, observando con ojos extraños al deshecho humano, que  pesar de la oscuridad que  ha turbado su mente durante toda su vida, ha sido capaz de dar forma a las más bellas palabras que ella pueda imaginar. Después cubre su rostro de nuevo con la capucha y se pierde en las sombras junto a sus hermanas, dejando solo a Poe, con su conciencia y los cuervos.

- ¡Qué Dios ayude a mi pobre alma!- dice el poeta y poco más podrán sacarle en claro en los cuatro días posteriores, en los que estará ingresado, en un delirio constante, esperando a la muerte, que finalmente se lo llevará poniendo paz a su agitada existencia, dejando tras él un legado fabuloso para la historia de la literatura, pero también, una vida turbulenta y desdichada.


8 comentarios:

  1. Me ha gustado muchísimo, me parece un "puntazo" que sea un anciano Lord Byron el que vende la Musa a Poe. Has estado "genial" ¿No estará tu manuscrito escrito con sangre de la bella musa encadenada a la pata de tu silla? ;)

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  2. De veras que en este relato te has lucido, Esteban. Imaginar al atormentado Poe escribiendo con la sangre de su musa cautiva es una imagen que vuela la cabeza a los que fuimos marcados por la lectura de "The Raven".

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  3. Muy, pero que muy nutritivo. Me gustan el estilo de guión de cómic y la referencia a The Sandman.

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  4. Gracias Guillermo. Me encanta Neil Gaiman y The Sandman. Y aunque mientras escribí el relato no era consciente de la influencia, una vez que lo leí al terminarlo me sorprendí. Lo que leemos está siempre presente en lo que escribimos y eso es bueno. Un saludo.

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  5. Respuestas
    1. Muchas Gracias, María. Me alegro de que te haya gustado. Es de mis preferidos. Un saludo.

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  6. ¡Muy bueno! Me ha encantado imaginarme a Poe, con su mente maltrecha y errática, usando a (y quizá abusando de) su cautiva musa mientras escribía su impresionante poema.

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    1. Me encanta este relato. Porque Poe me impresionó en mi juventud. Es un maestro de maestros. Gracias por comentar Marsar. Un abrazo.

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This Work (LA OSCURA REALIDAD / http://microcuentosfantasticos.blogspot.com.es by Gonzalo Esteban Díaz/) is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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