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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

lunes, 16 de septiembre de 2013

LA LEYENDA DE LA DAMA DE LAS NIEVES



Intentando abrigarse, sin conseguirlo, tiritando en su refugio, nada más que una simple pared de piedras mal colocadas para evitar, en lo posible, el viento del norte y un techo de paja húmeda con más agujeros que un colador, el pastorcillo observa el valle entre montañas, cubierto por una capa de nieve espesa y profunda. Desde lo alto del monte ve caer la nieve sobre la aldea con pesados copos del tamaño de monedas de cobre. Las ovejas en el corral se restriegan unas con otras para darse calor con su mutua compañía. Observándolas, preocupado, el pastor bebe de una vieja y desgastada bota de cuero curtido  para intentar conseguir el mismo efecto, pero ni el fuerte vino puede hacerle entrar en calor con ese aire helado que corta como un afilado cuchillo. Todas las prendas de lana que porta encima y el fuego de la hoguera parecen ser inútiles ante el endemoniado frío que acosa la montaña esta tarde helada, sus dientes castañetean tan fuerte que parecen retumbar en el blanco silencio que trae consigo la nieve. Con pánico creciente se percata de que si se queda un rato más en el inadecuado refugio morirá, congelado o sepultado por la ventisca, por lo tanto decide abandonar, a su suerte, el rebaño en el corral y descender la montaña hasta la lejana aldea. El temor al cruel terrateniente al que pertenecen las ovejas es enorme, pero su vida es más importante. Por ese temor al hombre odioso que rige los destinos de las gentes de la aldea como si fueran animales, ha aguantado todo lo posible, puede que demasiado piensa al dar el primer paso y sentir como su pie se hunde hasta enterrar la pierna en la nieve más arriba de la rodilla. No esperaba una nevada tan copiosa, tan pronto, le ha sorprendido tanta nieve al principio del otoño, antes del comienzo de la temporada de nieves. Ha cometido un grave error, no buscando el calor de los corrales cercanos al pueblo, y como bien saben todas las gentes que habitan esas montañas no puedes cometer errores o la montaña dará cuenta de tus huesos. Hay una hora larga de camino hasta llegar al pueblo, en condiciones estables, pero con esa capa de nieve será mucho más difícil caminar y orientarse. La noche se le va a echar encima como un animal salvaje con su capa de tinieblas. Escucha el cántico de los lobos aullar a lo lejos, unos aullidos que cualquier otro día hubieran helado su sangre, en ese momento no tienen para él la menor importancia, la oscuridad, la nieve y el frío se convierten, en noches como esa, en un depredador más eficaz  que una manada de lobos hambrientos y mucho más cruel.

Pronto se da cuenta de que no va conseguirlo, no hay senderos visibles y después de caer rodando por un desnivel, no sabe hacia que lado dirigir sus pasos. Nieva, más y más copiosamente cada instante que pasa, haciendo del paisaje un  gélido espejo blanco, mortal, donde todas las direcciones parecen la misma. Finalmente se detiene aturdido y congelado, se acurruca contra un viejo pino cuyas ramas se quejan del peso de la nieve con extraños crujidos que parecen lamentos. El pobre muchacho llora ardientes lágrimas de desesperación, que quedan heladas en su rostro al instante, solloza pensando en la muchacha de cabellos rubios y mejillas sonrosadas con la que pensaba desposarse la próxima primavera y con la pequeña cabaña en la que iban a vivir juntos, una vida feliz, rodeados de rollizos chiquillos que alegrarían la cabaña con sus gritos y sus juegos. Son pensamientos baldíos, sueños perdidos que jamás se realizaran, pues el cruel invierno ha entrado ya en sus huesos, helando hasta el tuétano. Con manos temblorosas, bajo los gruesos guantes de lana, saca torpemente de su pecho una medalla de plata con la figura de la Virgen que su amada le regaló cuando se prometieron junto al lago de la aldea en una hermosa mañana de primavera. Ella le prometió que la medalla le protegería de todo mal, por eso la besa rezando a su Dios, pidiendo ayuda.

Pero no es la Virgen de los cristianos quien acude a socorrerle. No, no lo es. La mujer surge de la nieve dirigiéndose hacia el lugar donde el pastorcillo está muriendo congelado. Es una muchacha muy hermosa, pálida en extremo, con ojos extraños como diamantes pulidos, larga cabellera oscura, que hondea a su alrededor agitada por el helado viento, viste una  fina tunica blanca que apenas tapa sus hermosas formas.

Él sabe quien es esa mujer que se le acerca sigilosamente. Todos en aquellas montañas han oído hablar de ella. Ha escuchado mil leyendas sobre ella en los cuentos de taberna, o en las historias que cuentan las abuelas a la luz de la lumbre. Es la Dama de las Nieves, la señora de los largos inviernos. El espíritu  que anida en la ventisca. Las historias dicen que es un demonio cruel hecho del frío surgido del corazón del invierno y que aprovecha su pálida belleza para extraviar el camino de los hombres hasta que pierden su vida en lo profundo del valle, pues la Dama Blanca adora el calor que despiden los cuerpos humanos y ansía la cálida esencia vital de los hombres. Cuentan las leyendas que la Dama de Hielo entra en las casas de las buenas gentes en las oscuras noches de invierno y secuestra a los niños de sus cunas, dejando nada más que un helado rastro de nieve en las habitaciones vacías. Dicen las abuelillas que odia el calor y la belleza de las estaciones cálidas sobre todas las cosas, y que por eso en los primeros días de primavera hiela las rosas más hermosas del jardín, congelando sus corazones hasta hacerlos reventar de frío. Es el espíritu  de la montaña, al que todos temen en ese valle con un temor reverencial, enquistado profundamente en las más antiguas tradiciones de esas gentes.

Ella se acerca lentamente, flotando sobre la nieve, o quizá formando parte de la propia ventisca, tiende sus manos, de gélidos dedos, hacia el rostro amoratado del muchacho, acaricia sus heladas mejillas con cariño, besa la frente del joven pastor con sus labios color violeta y toma su rígida mano, acompañándole en su paso hacia un lugar más allá del invierno.

En la pequeña aldea la joven prometida amanece con un funesto presentimiento grabado a fuego en su cabeza. Por desgracia el presentimiento se consuma sin piedad, cuando ve en el alfeizar de la ventana de su cuarto, tras un cristal bañado de heladas lágrimas reposar la medalla de su querida Virgen, símbolo del amor que los unía aquella preciosa mañana de primavera, cuando entregó a su amado entre besos y caricias la medalla de la virgencita de su alma. Ella llorando abre la ventana al frío de la madrugada y se derrumba entre sollozos, tomando entre sus manos la pequeña joya en la que el muchacho ha dejado todo su amor en los últimos instantes de vida. Puede sentirlo como una caricia física, como un cálido beso, como un reconfortante abrazo que envuelve su pequeño cuerpo agitado por el llanto.

Al otro lado de la ventana ve a la mujer blanca. La Dama de las Nieves la mira con profundo pesar impregnado en sus extraños ojos similares a diamantes, después desaparece fundiéndose en la blanca nieve como si jamás hubiera estado allí. La muchacha queda sola en la ventana, llora sin cesar aferrada a la medalla que porta el alma de su amado. Los últimos copos de nieve entran juguetones en la habitación, por la ventana abierta, rozando con sus dulces caricias las sonrosadas mejillas de la joven.



2 comentarios:

  1. Acabo de leer la historia en TR y me ha parecido estupenda y maravillosa. Muy dulce, con una atmósfera de esas que sólo tú sabes crear y que acaba humanizando a una dama que quizá un día conoció el amor e incluso puede que no esté tan helada como parece.... a pesar de sus violáceos labios. ;) Con tu permiso, lo compartiré en twitter, ¡¡me parece fabuloso!!Nos leemos Un saludo

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  2. He comentado este relato en TR pero dejo aquí también mi comentario.
    Tus universos oscuros llenos de senderos para perderse suelen tener, como en este caso, caricias de ternura cálidas y emotivas que sorprenden al lector. Realmente bella tu historia, Esteban. Me debía un paseo por tus textos recientes y ha sido un placer. Saludos

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This Work (LA OSCURA REALIDAD / http://microcuentosfantasticos.blogspot.com.es by Gonzalo Esteban Díaz/) is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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