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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

lunes, 23 de diciembre de 2013

NOCHE BLANCA, NOCHE ROJA



Blanca, blanca Navidad, como en la canción. Blanca es sin duda. Demasiado blanca, piensa la  niña mirando por la ventana. La nieve cae como una cortina de enormes copos blancos, apenas se ve nada en el exterior de la casa, salvo las luces del abeto adornado en el jardín. Detrás de ella los pequeños alborotaban ajenos al miedo, que embarga a su hermana. Sólo tiene doce años. No puede enfrentarse a esto, sea lo que sea lo que hay fuera de la casa, sólo está segura de que no es humano y de que acecha entre las sombras, esperando su momento.


La canguro ha escuchado los ruidos y ha salido  para ver qué es lo que ocurría fuera. Hace un buen rato de eso, pero no ha vuelto todavía. Está segura de que no va a volver, el ser que hay en el exterior, bajo la nieve ha dado con ella.


Sus padres, atrapados por la tormenta, no llegarán a tiempo, no hay cobertura en el teléfono móvil y la casa de los vecinos no es una opción válida. Fuera lo que fuera aquello, ella lo había visto salir de aquella casa, dejando sus sangrientas huellas mancillando la blanca nieve. Un reguero de manchas rojas conduce desde la puerta de los vecinos hasta su jardín. Un kilómetro de distancia la separa de la confortante seguridad del pueblo más cercano, con sus luces, sus cafeterías llenas de gente y su comisaría de policía. Con esa nevada y de noche… ella podría  hacerlo, quizá, pero los pequeños no. Con el bebe, imposible. No pueden huir. No pueden escapar. No pueden recibir ayuda.  No pueden hacer nada, salvo esperar que aquella cosa entre en la casa. Está segura de que ahora se arrastra por el jardín, acercándose como una alimaña entre la maleza, fundiéndose con la nieve y las sombras.


Su hermana de seis años chilla extasiada y llama a todos al salón.


- ¡Lo he visto! ¡Lo he visto!- exclama histérica.


- ¿Que has visto?- pregunta su hermanito de tres años, con curiosidad, poniéndose de puntillas, para intentar ver por la ventana sin conseguirlo


- Era él, era él. Lo juro.


- ¿Quién?


- Santa Claus- responde la niña, llevándose la mano a la boca por la emoción.


La hermana mayor mira por la ventana a la blanca oscuridad de la noche, nada hay en el exterior. Con el corazón en un puño, pregunta:


- ¿Qué es lo que has visto?


- Papa Noel, me trae mis regalos. Déjale entrar. Quería entrar. Me pidió que le abriera la ventana.  ¡Déjale! ¿Puedo? Quiero que entre.


La niña se acerca a la ventana y tiende la mano hacia el pomo, para abrirla y dejar paso a la noche, al frió, a la nieve, a la oscuridad…


- ¡No!- grita tomando de la mano a la niña y alejándola de la ventana.- Coge al pequeño y encerraos en el baño. Ahora  mismo voy.


- ¿Por qué? Yo quiero dejarle entrar. Trae nuestros juguetes.


- Es que no sabes, que no se puede ver a Papa Noel. Si lo ves se va sin dejar nada.


La niña rompe a llorar.


- Yo ya lo he visto- solloza.- No me traerá nada. Me quedaré sin regalos.


- No te preocupes. Hablare con él, pero si quieres tus juguetes encerraos en el baño y no salgáis. Me entiendes. Hazme caso o nada de juguetes.


La pequeña asiente compungida y cogiendo de la mano al niño, se meten en el baño y cierran la puerta tras ellos.




Ahora lo ve delante de la ventana, ya no es una masa de oscuridad, pero tampoco es Santa Claus. Ha adoptado la forma de su cantante preferido, que espera en el exterior con una sonrisa de dientes perfectos.


Escucha claramente en su cabeza como le pide entrar, quiere tocar una canción para ella dentro de la casa resguardándose de la helada nieve. Su voz es un regalo. Tiene un  poder enorme, se siente  tentada de ceder, pero sus ojos… al mirar sus ojos, sólo ve oscuridad. Oscuridad y muerte.


Siente su furia al ser rechazado. Espera, bañado por una intensa ira al otro lado de la ventana. Un simple cristal los separa a todos de la muerte, pero el ser no hace nada por romper el frágil cristal de la ventana. La muchacha percibe con claridad que el ente, sea lo que sea, no puede entrar en un hogar sin ser invitado. No puede pasar. Suspira de alivio, se asegura de que sus hermanos no puedan salir del baño. Después corre al dormitorio de sus padres para proteger al bebe que ha dejado durmiendo apaciblemente en su cuna pegado a su peluche favorito. El peluche es un oso panda blanco y negro con una mullida barriguita que a su hermanito le encanta estrujar antes de dormirse. La ventana está abierta. El ser se encuentra dentro.  No llega a ver su forma claramente porque la atrapa desde detrás, pero por un instante le ha parecido ver una enorme mancha blanca y negra con una mullida barriga. Después sólo oscuridad.


La niña pequeña ve la puerta del baño abrirse, Santa Claus se encuentra delante de ella sonriéndola, pero su sonrisa es roja como la sangre y sus ojos son negros como un pozo sin fondo…

3 comentarios:

  1. Cómo me ha gustado volver a leerte compi!! Gracias por felicitarnos la Navidad con este magnífico cuento!!

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  2. Un buen relato, que nos habla de la fuerza de los deseos. Para bien o para mal, existe cierto tipo de magia. Nos leemos.

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This Work (LA OSCURA REALIDAD / http://microcuentosfantasticos.blogspot.com.es by Gonzalo Esteban Díaz/) is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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