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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

jueves, 29 de agosto de 2013

ELLA


Hace tiempo que sueño con ella. En medio de terribles pesadillas donde oscuros monstruos me persiguen, en un mundo privado de la luz del sol, donde sobre mi cabeza amenaza un cielo de un negro tan intenso que duele mirarlo, que arde en llamas naranjas como incendiado con NAPALM, ella aparece de pronto e interrumpe mis malos sueños con su sonrisa pícara y esos  alegres ojos tan verdes y brillantes que producen sin remedio una profunda pena en mi corazón. Toma mi mano entre sus suaves manos, apartando mis pesadillas con su sola presencia, los cielos ardientes desaparecen ante su poder tornándose azules y fragantes, el sol vuelve a surgir luminoso y maravilloso entre las nubes, los monstruos se esconden aterrorizados  en las sombras más profundas del interior de la tierra. Ella me lleva a un lugar lleno de paz y de serenidad, un pequeño estanque en medio del bosque, me recuesta junto a ella, besa mis labios, acaricia mi cara, hacemos el amor suavemente acunados por el murmullo del agua y los trinos de los pájaros. Con el intenso clímax llega el despertar, mis pesadillas no eran tales, el mundo de la vigilia es una pesadilla real. Ella, mi esposa muerta, es sólo un  triste recuerdo, de otra vida, otro lugar, otro sueño.
 
 

miércoles, 28 de agosto de 2013

UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN


La verdad es algo difícil de aceptar. Estamos viviendo bajo tierra, el sol se apagó. Los entes fríos dominan la superficie. La epidemia hace estragos entre los niños y los jóvenes. Algo ha muerto en nuestro interior y no podemos reproducirnos, no hay constancia de un nuevo nacimiento desde el día en que la oscuridad cubrió los cielos. Los entes fríos nos cazan como a conejos asustados, exterminándonos sin piedad, alimentándose de nuestras pobres almas. El mundo se ha convertido en un infierno. El fin de la humanidad ha llegado. Un nuevo mundo comienza, el mundo de la oscuridad y el frío. No hay nada ahí fuera para la humanidad, nada nos queda, salvo aguardar la extinción que se acerca inexorablemente. Nosotros que  a largo de la historia extinguimos o ayudamos a extinguir tantas y tantas especies, ahora esperamos dócilmente nuestro turno, puede que sea lo justo. Quizá merezcamos este final.

martes, 27 de agosto de 2013

UN PAPEL EN BLANCO




Desde el balcón de una barata habitación de motel, con una cerveza helada en la mano, observa el brillo de las luciérnagas,  que dan luz tenue a la tranquilidad del jardín en la noche y respira el fragante y dulce aroma de los azahares, que le infunde paz. Es una noche de domingo extraña, el traqueteo del tren se escucha a lo lejos, como si llevara viajeros a un mundo aún por descubrir, a mucha distancia de los problemas, el miedo, la soledad y la tristeza. Un nuevo mundo, infinito y maravilloso, donde reine la alegría y la paz, y el oscuro mal que habita tan profundamente en la conciencia humana se disuelva en humo. Pero es sólo un pensamiento estúpido, el tren no es nada más que un tren que lleva a personas normales a un gris destino, para que continúen con sus anodinas vidas. Por suerte ella posee las palabras y las letras para dar forma a otras realidades alejadas de ésta. Cambia la cerveza por algo más fuerte que llene el vacío que habita en su interior. Toma una hoja de papel en blanco y su pluma preferida, comienza a dar forma a sus escritos, sin saber que esos cuentos puede que algún día cambien una vida, o quizá muchas. Puede que alguien  descubra sus palabras y esas palabras conecten con esa persona, mostrando nuevos caminos inexplorados por los que viajar. Nada haría más feliz a la escritora.


lunes, 26 de agosto de 2013

LA BIBLIOTECA DE LOS LIBROS INACABADOS

Para Selene Lorena,  peregrina en los senderos de los sueños que se vuelven historias.
Columnas, Espejo, Tigre, Brújula, Biblioteca, Obsesión, Oráculo, Sillón, Ceguera, Duplicado

Una vez ascendidos los incontables peldaños que dan acceso a la Gran Biblioteca de los Libros Inacabados llego a la puerta. Ante la puerta un tigre,  un búho y un halcón, símbolos de fuerza, sabiduría y destreza respectivamente, me observan con ojos inertes de mármol, tan perfectos duplicados en forma de estatua que casi parecen animales reales acechándome.  Al atravesar la puerta me encuentro en una gran sala llena de bellas columnas, adornadas con  extraños grabados dorados de criaturas desconocidas en el mundo de la vigilia,  pero lo maravilloso se encuentra entre las columnas, donde me aguardan miles de estanterías plagadas de libros inexistentes cuyos autores los abandonaron en un cajón olvidados, murieron antes de poner punto y final a la historia, o no tuvieron el tesón o la confianza en su talento para llevar a buen puerto sus ideas. En la onírica Biblioteca hay grandes obras maestras que jamás fueron escritas. En esta inmensa sala, tan grande que casi haría falta un mapa y una brújula para orientarse sin perderse en su laberinto de estanterías, encuentro finalmente mi objetivo. En el centro de la sala, sentado en un viejo sillón, hay un hombre encapuchado que mira, sin ver, con ojos ciegos, cubiertos por una gris neblina. A pesar de su ceguera el encapuchado alza la cabeza como si pudiera discernirme con claridad, el oráculo de los libros inacabados sonríe al presentir mi presencia.

- Eres uno de mis autores preferidos- dice con voz suave, similar al ruido que hace la hoja de un libro pasar página.- Tantas buenas historias que hubieran hecho las delicias de miles de lectores, inacabadas por tu falta de fe en tus posibilidades, tantas ideas brillantes desperdiciadas como arena en el desierto. Toda aquella pared del fondo te pertenece- señala una estantería llena de libros con historias que imagine pero que jamás llegue a culminar. Veo sus lomos con mi nombre y los títulos que había pensado para ellas escritos en letras doradas y me estremezco maravillado.- Paso noches enteras haciendo que mis criados me lean tus fabulosos escritos.

- He venido para mirar en el espejo- digo con voz entrecortada.

- Por supuesto- dice él.- Todos los autores que llegan hasta aquí, vienen a mirar en el espejo. Tal es la obsesión que les guía, que no les importan nada las consecuencias que puede tener mirar en el espejo. Aún estás a tiempo, vuelve por dónde has venido, olvida los senderos del sueño que te trajeron hasta aquí. Sigue con tu vida y trata de ser lo más feliz posible.

Pero nada de lo que pueda decirme va a hacerme cambiar de opinión. He recorrido los más extraños lugares que pueblan la imaginación colectiva de la humanidad para llegar hasta aquí, no me iré sin mirar en el espejo. El espejo de los libros perdidos, dónde podré ver mi gran obra inacabada por fin terminada y publicada, y conocer si la fama y la fortuna hubieran sido mi destino de haber confiado más en mi talento.

El oráculo de los libros inacabados se encoge de hombros y me hace un gesto, indicándome una puerta que se encuentra a su espalda. Avanzo con el corazón en un puño y cruzo la puerta para mirar en el espejo.

Cuando regreso al mundo de la vigilia, mi vida ya no tiene sentido, he visto una nueva vida llena de posibilidades ante mí, pero por caminos que ya no puedo transitar. Siempre pensé que el mirar en el espejo me liberaría, me mostraría que tenía razón, que la literatura no estaba hecha para mí, que hice bien en vender mi alma al dinero seguro de un gris puesto de trabajo que me fue arrebatando la vida y la ilusión poco a poco hasta dejarme vacío por completo. No se debe renunciar a los sueños, hay que pelear por ellos, pues algún día puede que se cumplan.

sábado, 24 de agosto de 2013

EL MUNDO MÁS ALLÁ DE LOS ESPEJOS

Juego de las 10 palabras
Para La Maga, compañera en el difícil arte de contar historias y crear mundos.

Maga, Violeta, Castillo, Cuento, Libro, Cuaderno, Chocolate, Cava, Deseo, Bicicleta


La niña deja tirada su estrafalaria bicicleta rosa en el jardín, la rueda trasera sigue girando por la inercia, mientras corre a abrazar al anciano que se sienta en el porche de la casa, tomando el sol del invierno, se tumba a sus pies y aguarda el momento mágico, escrutando al viejo con ojos soñadores, esperando que su abuelo, como cada atardecer, le cuente un cuento. Como parte del ritual, de cada día, su querida abuelita se acerca en silencio con un tazón de humeante chocolate caliente,  que entrega a la niña  para después sentarse al lado del anciano, tomando su arrugada mano entre las suyas. El anciano, con manos temblorosas, abre el grueso libro donde ha puesto por escrito todas sus historias y comienza a leer su cuento con voz solemne:


“En la tierra sin nombre más allá de los espejos, sobre la cima de una montaña que no se puede escalar hay un castillo, en cuya torre más alta brilla la luz de una vela, si voláramos como un gorrión y  nos coláramos furtivamente en las lujosas estancias de la torre, nuestros ojos verían a una mujer, sin duda una hechicera, vestida con una elegante túnica de suave tela violeta, de largo pelo oscuro y ojos verdes brillantes, escrutando las estrellas fugaces que surcan de un lado a otro del firmamento de  una noche sin luna, pero ella que conoce los secretos que ocultaban los astros, no pide ningún estúpido  deseo que las estrellas no pueden conceder, pues su labor es leer en ellas  el destino del reino, y lo que le dicen las estrellas lo apunta haciendo garabatos en un  estropeado cuaderno. Una vez terminado su antiguo ritual, horrorizada ante lo que lee en sus anotaciones, arranca la hoja con su profecía, desciende a las profundidades del castillo más allá de las mazmorras, cava un agujero y entierra la funesta predicción.

El rey de aquel reino hace llamar a la maga a palacio, pues en esas tierras los problemas crecen como las malas hierbas  en el huerto de un labrador perezoso.

Ante el rey la sabia mujer se niega a revelar su profecía. El rey enfurecido ordena que la torturen hasta que revele lo que los cielos le han contado. Pero ella se resiste, pues si revelara lo que ha visto su mundo no tendría sentido. Pero el dolor infligido en la tortura es tan cruel y tan grande que finalmente, antes de morir, confiesa  el lugar donde ha escondido el revelador papel.

El propio rey acude a las profundidades del castillo de la maga y escarba con sus propias manos en el lugar en el que la hechicera ha escondido la profecía.

El rey lee en silencio y llora.  Después destruye el papel y no dice a nadie lo que ha descubierto oculto en las profundidades, pues la hechicera tenía razón al querer guardarlo para sí.

El mundo más allá de los espejos no existe más que en la mente de un anciano, que lo escribe para contar cuentos a su nieta, pero una enfermedad consume al anciano y pronto no habrá más cuentos, los espejos se romperán y nada quedará de los habitantes de este mundo.

En el porche la niña llora lágrimas amargas abrazando a su abuelo moribundo, toma el libro de las manos marchitas del viejo y dice:

- No te preocupes abuelito, yo continuare con las historias, seguiré dando vida  a tus cuentos, el mundo más allá de los espejos perdurará en mi recuerdo y en el de mis hijos y mis nietos. Así vivirán para siempre al igual que tú.

Y el anciano besando la frente de la niña con todo su amor, sonríe con alivio.



viernes, 23 de agosto de 2013

LA CRIADA



La joven e inexperta criada sirve la sopa en la vasija de delicada porcelana, con extrema precaución, a la luz titilante de las velas. Es su primer día en el palacio, necesita que todo salga a la perfección, pues en  casa tiene seis hermanos  y una madre enferma de los que cuidar, su padre falleció el invierno pasado por la fiebre del heno, la tierra esta yerma y la vaca no da leche desde hace meses. No puede cometer errores, conoce la legendaria severidad de su nueva ama, un simple error podría echar todo a perder, pero es una muchacha hábil y eficiente que, superados los iniciales nervios, desempeña su labor a la perfección, ante la atenta mirada de su señora.

Una vez terminada la cena, la muchacha relajada recibe la aprobación de su ama, que le pide que la acompañe para darse su relajante baño diurno, con una caricia en la mejilla y una sonrisa en sus sensuales labios. La muchacha sorprendida, por el gesto de cariño, suspira aliviada, al saber que  su familia sobrevivirá un invierno más gracias a ella, piensa  que la Condesa Bathory no se merece la negra leyenda de severidad que circula entre el populacho.


jueves, 22 de agosto de 2013

CONTINUA VIGENTE EL JUEGO DE LAS DIEZ PALABRAS

Os recuerdo que podéis dejar diez palabras en el comentario de esta entrada para que os escriba un cuento personalizado.

LA ÚLTIMA VICTIMA



Me despierto por la mañana, la cabeza latiendo a punto de explotar, como si fuera la peor resaca de mi vida, tengo la boca pastosa, la lengua hinchada, nauseas y mareos. No se donde estoy, ni como he llegado aquí. Enciendo la luz, la llamarada de claridad hace arder mis ojos con un dolor indescriptible. Consigo finalmente levantar los párpados que me pesan como si estuvieran forrados de plomo. Me encuentro en una gris y anodina habitación de motel, sin nada que la diferencie de las miles de habitaciones de motel similares que he frecuentado a lo largo de mi vida, estancias sin alma como las llamaba mi esposa, antes de morir en una habitación similar, colgada del anodino ventilador. Un ventilador muy parecido a este que gira cansinamente sobre mi cabeza, encima de la cama. Demasiado parecido, me digo, con cierto temor, entonces siento la presencia de alguien a mi espalda. Reconozco su rostro, lo he visto en los programas de noticias. Hubo un tiempo que salía muy a menudo en ellos. Creo que ha trabajado para el gobierno,  un coronel retirado, muy posiblemente, de los servicios de inteligencia, pienso, cuando veo el maletín abierto con los escalofriantes instrumentos de tortura. Recuerdo que mi mujer… el acero lacera hábilmente mi carne, con precisión de cirujano haciéndome alcanzar cotas de dolor inimaginables…  tuvo muchos reparos… corta los dedos de mi mano derecha uno a uno… le daba mala espina…. con unas tenazas arranca una muela y presiona el nervio desprotegido con saña aquella niñita rubia. … me castra sin piedad dejando caer mi polla al suelo en un charco de mi sangre… recuerdo sus ojos azules, muy similares a los de mi torturador… me deja con los intestinos fuera del cuerpo…. y sus coletas rubias… desangrándome lentamente en un mar de dolor…una niña preciosa… la vieja muerte se acerca a mi encuentro, pero viene muy despacio, como si disfrutara de mi sufrimiento…  Recuerdo haber torturado y matado a la niña en una habitación anodina muy similar a ésta. La última de nuestras victimas.

miércoles, 21 de agosto de 2013

UN TRUCO DE MAGIA


Un truco de magia es algo sencillo que se nos oculta a la vista por manos habilidosas y gestos equívocos.  Un truco de magia en un relato, es llevar al lector a donde uno quiere y por el camino que uno desea para en el último instante darle la vuelta y hacer que nuevas sensaciones afloren en nuestro amigo lector, ya sean de sorpresa; de ternura; de miedo; de fascinación; de rechazo o cualquier tipo de reacción, que una línea antes no se esperaba. Ahora intentaré hacer un truco de magia con mis palabras. Prestad atención.

Os hablare del mejor truco de magia que jamás presencié. Yo no era más que un adolescente que una tarde de verano, vagaba aburrido por las calles de la vieja ciudad en la que vivía, cuando llegué a un jardín donde se reunía  un grupo de personas, la mayoría eran vecinos y conocidos míos,  que seguían  la actuación de un mago callejero, con más aspecto de vagabundo borracho que de ilusionista.  Aunque mantenía a su audiencia atenta a base de destreza, manos hábiles y una labia propia de un curtido cuentacuentos. Los pañuelos de colores, los aros metálicos y las monedas no tenían secretos para él, aparecían y desaparecían a su antojo ante la mirada fascinada de su crédulo público.

Al acerarse al final de su espectáculo callejero ya tenía a la audiencia comiendo de la palma de su mano, esperando el truco final que cerrara el número por esa tarde. Para realizar el último truco pidió un voluntario, fuimos muchos los que levantamos la mano, pero la bonita muchacha que hacía las veces de ayudante del mago, seguramente su nieta, me eligió a mí entre todos los presentes.

El mago me tapó con un manto negro, lo roció con una lata de gasolina, ante la horrorizada mirada del público y las airadas protestas de uno de mis profesores que quería impedir aquella locura, pero era demasiado tarde, el mago lanzó un fósforo a los pies de la capa y una llamarada de fuego envolvió mi figura, entonces dos árboles ardieron a un gesto del mago y la gente chillaba horrorizada. Un  espeso humo negro lo cubrió todo por unos instantes, para después desaparecer.  Y allí me encontraba yo, ileso, sin una quemadura.

La gente  detuvo de pronto su histeria y la tornó en carcajadas y aplausos.  El mago había desaparecido y su bonita ayudante también. Ni siquiera esperaron a llenar su sombrero con unas cuantas monedas, aunque después se supo que en la confusión provocada por el humo y el fuego la pequeña nieta del ilusionista se había encargado de limpiar con habilidad casi mágica carteras, joyas y relojes.

Mis conocidos siempre me han preguntado por como conseguí salir de aquella manta ardiendo, por el secreto oculto tras el humo y los espejos. Yo siempre respondo que no lo recuerdo que debió ser por arte de magia.

Esa misma noche cuando la pequeña ciudad todavía se encontraba alborotada por el incidente, y todos hablaban del robo,  yo saqué el arrugado sobre con dinero, que había recibido por la mañana, y me fui a la sala de cine, donde me esperaba mi cita, compre palomitas y me senté en la oscuridad, en mi butaca a disfrutar de la magia del cine  con la paga “honradamente” ganada.

No se debe revelar lo que hay bajo el humo y los espejos.

LA EXTRAÑA RISA DE LA VIEJA MUERTE


En la morada ancestral de la Vieja Muerte las carcajadas retumban, tan extrañas como campanas, en el silencio habitual de aquellas salas. Nadie ha escuchado jamás reír a la Vieja y mucho menos soltar una carcajada, por eso mismo, las parcas alteradas, han enviado a la más atrevida de todas ellas a explorar para saber que ha podido producir semejante reacción en la Muerte.  Cuando la valiente expedicionaria abandona los oscuros salones donde reside la Vieja, desde siempre, su rostro muestra una expresión de total incomprensión.  Y cuando las demás parcas la rodean ansiosas por conocer la respuesta a su inquietud. Lo único que les cuenta es que la Vieja,  se encuentra reunida con un viejo payaso, recién muerto, que llora, sin parar, amargas lágrimas que destiñen la pintura de colores de su rostro.
   Es el maldito destino del payaso triste, al que ni siquiera la muerte se puede resistir.

martes, 20 de agosto de 2013

BURLANDO A LA MUERTE


Desde la terraza de mi mansión observo a mis nietos bañarse en las suaves olas del mar Mediterráneo, su exultante juventud hace daño en mis ancianos ojos. Sus risas y juegos parecen completamente extrañas, comparadas con mi cuerpo achacoso devorado por el cáncer.  He vivido una larga vida, una vida de lujos, sexo y desenfreno.

El éxito en cada una de las empresas, que he emprendido me ha acompañado a lo largo de todos mis años, jamás empecé algo que no resultara exitoso. Últimamente la cercanía de la muerte se convirtió en una obsesión para mí. Un triunfador como yo  no puede dejarse vencer por algo tan vulgar como la muerte, algo que sufre cualquier pobre vagabundo tirado al lado de un húmedo camino no puede ser el mismo destino que el mío. Por lo tanto he gastado toda mi fortuna en busca de algo que los hombres llevan soñando desde el principio de los tiempos. Y como en todo lo demás, en lo que he puesto mi empeño, he salido triunfador. Hice un pacto con fuerzas oscuras que me han prometido la inmortalidad. La eterna juventud.

Siento una presencia a mi espalda, una viejecita de rostro severo vestida de negro, me observa con desagrado.

- Así que al fin has llegado- digo con burla a la vieja.

- Sí- asiente.- Yo siempre llego a mi hora.

- Pues esta vez llegas tarde- contesto entre risas.

- Eso parece- responde la anciana, escrutándome con sus diminutos ojos negros como cuentas de ónice.

- ¿Qué es lo que sientes al haber fracasado por primera vez en la vida, vieja?

- Yo no siento nada- responde la anciana desviando la mirada hacia el mar, escuchando el rumor de las olas, bajo la terraza.

- Deberías sentir rabia, pues yo te he vencido- digo eufórico.- ¡Reconoce que te he burlado, vieja ridícula!

La vieja me mira con sus indescriptibles ojos, en los que me parece atisbar un pequeño brillo de insatisfacción, incluso de pena.

- No se puede burlar a la muerte- dice.

- Pues yo lo he hecho. No puedes llevarme. Hice un pacto con oscuras fuerzas más poderosas que tú.

- Eso es cierto- asiente la vieja fijando la vista en los niños, mis nietos, que juegan en el mar.

En ese instante bajo la mirada de la vieja, uno de mis nietos desaparece entre las olas, puedo ver su pálida mano alzarse sobre el agua antes de desaparecer, los demás niños se lanzan al agua para ayudarlo. Veo el mar un segundo antes calmado, embravecerse y arrastrar al fondo a toda mi descendencia, ante la fría mirada de ónice de la vieja.

- No se puede burlar a la muerte- dice y desaparece, dejándome solo en el balcón.

No puedo apartar la vista del mar que se acaba llevar la vida de todos mis descendientes. Entonces veo como las arrugas de mi mano comienzan a desaparecer y me río a grandes carcajadas y lloro de felicidad y salto y bailo, sí la muerte quería darme una lección llevándose a mis nietos con ella, se ha equivocado de persona.

lunes, 19 de agosto de 2013

OS CONTARÉ UNA HISTORIA


Os contaré una historia, como todas las buenas historias nace de un mito, de una leyenda, de una canción. Un viejo pastor se la escuchó, a escondidas entre unas matas, cantar a unas hadas traviesas, que bailaban bañadas por la luz de la luna en un claro del bosque, al que llegó siguiendo a una díscola cabrita extraviada. Jamás contemplaron sus ojos, ni escucharon sus oídos tanta belleza y hermosura como la que se encontraba en aquel claro del bosque, ya fuera en forma de canto y música, o en la visión de los bellos y gráciles cuerpos de las hadas que hacían volar su escasa imaginación con lujuriosos deseos pecaminosos. El pastor, muy celoso y avaro de su tesoro, sólo contó la historia  a un sobrinillo, hijo de su hermana, por el que sentía autentica devoción. Narró la historia, como quien comparte un don,  a la luz de la lumbre, una blanca noche de invierno, cuando el niño no era más que un mocoso que corría detrás de las cabras.

El niño creció, y con la hueca cabeza llena de sueños, decidió abandonar el viejo hogar de pastoreo, en busca de fama y fortuna. La verdad es que no tuvo mucho éxito en sus ambiciones, pues una peste se lo llevó, entre toses y pústulas, antes de que hubiera ganado siquiera una mísera moneda  de cobre o de que su nombre fuera conocido por nadie, y es, en verdad, una lastima pues en su interior llevaba un gran escultor que hubiera dado al mundo luz con su arte, pero antes de que la muerte acudiera a su encuentro, por fortuna, una noche hizo alto en su camino de sueños en una mugrienta posada,  allí contó, entre jarras de espumosa cerveza dorada, su historia a una bastante ebria concurrencia. El destino quiso que, entre los pocos de los parroquianos de la posada que no se encontraban completamente borrachos, hubiera un juglar, raro que el juglar no fuera el más borracho de los allí presentes, pues mucho le gustaba el vino y el jugo de cebada, como a todos los juglares que recorren los caminos. El juglar escuchó la historia y quedó maravillado, así que poco después la incorporó a su escaso repertorio y en sus primeras representaciones fue un rotundo éxito, que pronto copiaron algunos de sus compañeros de profesión con los que sus errantes pasos se cruzaron en caminos, plazas, burdeles y tabernas.

AQUEL QUE OTORGA DONES


Érase una vez un niño muy, muy desgraciado, al que la mala suerte miró con cruel desprecio desde el día de su nacimiento. Siempre fue torpe y desgarbado, sus rodillas siempre quedaban plagadas de sangre, costras y moratones mal curados, cualquier cosa que tuviera en sus manos acababa misteriosamente en el suelo hecho añicos. Tal era su mala suerte que una vez se cayó rodando con tan mala fortuna que un palo se clavó cruelmente en su ojo dejándole tuerto y a partir de entonces tuerto se quedó. Todos los demás niños en el pequeño pueblo se reían de él y le llamaban tuerto, unojo y cosas peores y crueles, le tiraban piedras y despojos, ya se sabe que no hay nada más cruel que el corazón de un niño. Entonces su madre apiadándose de él, lo tomó un día, bajo su manto, y se internó en el bosque prohibido en busca de Aquel que otorga Dones. Aquel que sólo puedes encontrar algunas noches cuando la luna brilla de forma especial y hay puertas abiertas a otros mundos. Finalmente, tras mucho buscar lo encontraron, o mejor dicho él los encontró a ellos, pues nadie puede encontrarlo si él no quiere. Allí, en sus oscuros dominios, le contaron su situación y las continuas burlas y mofas que el niño sufría por ser tuerto. Y Aquel que otorga Dones, tras observar al niño en silencio por unos instantes, solucionó el problema con mucha diligencia, tomó del suelo del bosque un palo de similares características al palo con el que el niño había perdido el ojo y lo incrustó con saña en el otro ojo. Nadie jamás volvió a reírse del niño ciego, las burlas desaparecieron para dar paso a la compasión. Más tarde fue respetado y venerado por los suyos,  muy sabio llegó a ser y muy agradecido estuvo a Aquel que otorga Dones.

martes, 13 de agosto de 2013

LAS CADENAS DE LA INSPIRACIÓN o LA MUSA ENCADENADA


La musa observa al  escritor, desde un oscuro rincón del sótano, con ojos como platos, plagados  de lágrimas, que bañan sus pálidas mejillas. El famoso autor escribe, sin cesar, sobre el papel con un ritmo febril. Tocado por los maravillosos dedos de su musa, un torrente de ideas y bellas palabras se plasman  sobre el blanco documento. Escribe sin descanso, ajeno a los quedos sollozos de la pálida divinidad, que para nada entorpecen su arte. Es tal el poder de su musa que no se puede romper su concentración, y cada palabra que escribe se encadena con la posterior, formando un verso perfecto, y cada verso se enlaza con el siguiente, dando forma a una maravillosa estrofa, y las estrofas se hilan unas con otras, hasta crear el más prodigioso y oscuro poema jamás escrito por un hombre.

Una vez concluye el poema, vacía de un largo trago una copa de brandy. Con la copa en una mano y un afilado abrecartas en la otra se dirige, con tambaleante paso de borracho, despacio, hacia su querida musa, quien ha conseguido con el favor de sus dones hacerle artífice de la más perfecta de sus obras. Con lágrimas acumuladas, en sus ojos enrojecidos por la ingesta de alcohol, besa dulcemente los labios de la musa y acaricia su mejilla, a la vez que clava el abrecartas, en el lacerado brazo de la joven encadenada a la pared, dejando que la roja sangre brote dentro de la copa, mientras no deja de acariciar su pelo, tan dorado como el trigo en el mes de la cosecha y le susurra palabras tranquilizadoras que no tienen ningún sentido, pero que parecen aliviar su conciencia. Vuelve a su escritorio, unta la pluma en la sangre de la copa  y firma y titula su poema: “El Cuervo por Edgar Allan Poe”.

UN DÍA EXTRAÑO

Es un día extraño, la miro y siento su frialdad, distante, muy lejos de mí. Nada queda en sus ojos de aquel brillo, que en otros momentos ardía, cuando posaba su mirada en mí, al verme aparecer entre la gente sus ojos se transformaban  en  ascuas de un rojo brillante, que se iluminaban como una antorcha empapada en aceite.  No puedo encontrar en su rostro la secreta sonrisa que siempre guardaba para mí, por muy duro que hubiera sido su día. Ahora, sólo quedan  frías cenizas bajo sus parpados, cuando mi mano roza su mano y su sonrisa no tiene lugar en ese pálido rostro.  Sin duda que algo extraño hay en el aire en este día, pues  mi madre y su madre que siempre están discutiendo como el perro y el gato, tirándose los trastos a la cabeza,  van a todos lados abrazadas como sí se sujetaran la una a la otra, ayudándose con su reconfortante cercanía a soportar  un peso, que tratara de aplastarlas sin piedad. Es un día raro, la gente me ve y llora, me dan la mano con tristeza y se abrazan a mí, empapando la impecable chaqueta de mi traje  con húmedas lágrimas.
Es un día extraño, está tan quieta, tan callada. Ella que no paraba de moverse y parlotear de cualquier cosa que pasara por su mente, sin detenerse nunca a pensar en lo apropiado de sus palabras. No parece reconocerme desde el estrecho ataúd de madera en el que han confinado sin escrúpulos  todo mi amor, mi ilusión, mis esperanzas y mis sueños. Es un día extraño, no termino de entender lo que pasa. No quiero entenderlo. Algo me dice que si lo hago, mi mundo se quebrara  en mil pedazos a  mí alrededor y no podré jamás recomponerlo. Es un día extraño, mi padre, que jamás, en sus siete décadas de vida, ha mostrado ningún sentimiento,  toma mi mano y me dice, con la sombra de unas furtivas lágrimas asomando en los duros ojos:
- Tienes que ser fuerte.
Pero no puedo ser fuerte.  No sin ella. Es un día extraño…

jueves, 8 de agosto de 2013

EL MONSTRUO QUE HABITA EN EL ARMARIO


El niño, no más que un bebe, camina perdido en la oscuridad de su propio cuarto, tan grande e inexplorado para él como si fuera el ancho mundo que aguarda en el exterior. La terrible pesadilla que ha despertado al niño, plagada de gritos y golpes, aún aletea como una mariposa en su cabeza, embotando sus sentidos. Pasito a pasito de sus gordezuelas piernecitas ha dejado atrás la seguridad de su cuna para adentrarse en  lo desconocido. Se aleja de su lecho y de su fiel osito de peluche, anadeando molesto, incomodo por un pañal empapado de orina que supera peligrosamente su límite de carga, acercándose con cada uno de sus inseguros pasos hacia la ominosa sombra que esperaba en el ropero. El monstruo que habita en el armario observa los confusos movimientos del niño rubio con ojos rojos como la sangre que se atisban entre las rendijas de la puerta.

El niño puede olfatear,  desde su cuna,  el profundo olor que desprende el armario cada noche. Pero ahora que se acerca a la fuente del olor lo percibe  más claramente. Huele como el abuelo pero mucho más profundo, huele a viejo, a algo muy antiguo.

La puerta de la habitación se abre de pronto, dando paso a la claridad de la luz de la bombilla del pasillo, que dibuja en la puerta la silueta de su papá. Entonces,  el niño se percata de que lo que le ha despertado causándole tanta inquietud, que le ha obligado a abandonar su cuna, no ha sido para nada una pesadilla.

Su padre entra en la habitación, arrastra a su madre de los pelos y la tira contra la cuna, volcándola violentamente en su caída. Su padre tiene un brillante cuchillo en la mano y su madre sangra abundantemente de un feo corte en la mejilla,  su bonito vestido blanco está empapado de rojo.

El niño rompe a llorar con un sollozo desgarrador.  No suele llorar, pues a pesar de ser sólo un bebe, está muy acostumbrado a los gritos y a los golpes, al llanto que desgarra el pecho de su madre cada noche antes de dormir.  Pero esta vez, es diferente, puede sentir la sombra que invade los ojos de su padre y como el último hilo que ataba su mente a la cordura se ha roto por fin. Siempre ha sabido que eso iba a pasar, desde el día en que lo pusieron, indefenso,  en los fríos brazos de aquel hombre, sintió verdadero temor de lo que habitaba en su interior. Durante  los días discurridos de su corta vida,  ningún amor había percibido, por mucho que lo había anhelado, dentro de aquel cuerpo, sólo frío y oscuridad.

Su padre se agacha delante del niño, el cuchillo rozando su piel, acaricia su pelo con un gesto tan frío como el corazón del invierno, lo agarra de su camisita de dormir, levantándolo sobre su cabeza con indiferencia y se dispone a lanzarlo contra la pared, decorada con conejitos azules y nubes rosas. El niño escucha las desgarradoras suplicas de su madre, malherida en un charco de sangre. Su papá lo lanza sin miramientos, se siente volar por unos segundos. Espera, asustado, el fuerte golpe en su desprotegida cabeza de rizos dorados. Entonces, la puerta del armario se abre de golpe y la sombra que habita en todos los armarios,  de cada cuarto donde duerme un niño, velando los desprotegidos sueños de los inocentes chiquillos, lo envuelve con su calor y lo deposita, con sumo cuidado y amor, lejos de las  crueles manos de su perturbado progenitor.

Desde el rincón, donde lo han dejado, el niño observa fascinado, como el monstruo del armario se enfrenta a su padre. El hombre intenta acuchillarlo, pero no se puede herir lo que no existe, lo que toma forma de la imaginación de todos los niños, no se puede abatir a algo así. Sólo se puede ser devorado por un ser así.

Una vez que el monstruo del armario termina su labor, toma al niño y lo deposita en los temblorosos brazos de su maltrecha madre. El niño sonríe con cariño al monstruo acariciando sus formas hechas de sombra e ilusión, los ojos como la sangre, del monstruo, miran embelesados al niño, acunado entre los amorosos brazos de su madre. La puerta del armario se cierra, el monstruo que habita en el armario puede cesar su guardia por esa noche.

miércoles, 7 de agosto de 2013

AKELARRE


     Era una noche cualquiera, era una noche sin luna, la niebla caía soñolientamente sobre el valle, cubriendo la cuenca con su pesado manto, como una mortaja cubre a un cadáver. En lo más profundo del bosque, una hoguera ardía y allí, unas mujeres extrañas se reunían y tramaban sus males.

En el centro del círculo, junto a la hoguera, se encontraba una mujer alta con aspecto de hombre, la cara plagada de cicatrices causadas por un fuego que siendo niña había devorado su rostro y su oreja derecha. La mujer vestía con un manto negro y portaba un cuchillo muy afilado en sus manos, a sus pies se encontraba una bonita muchacha desnuda y atada. La pobre muchacha sollozaba y temblaba, aterrorizada, sin apartar los ojos del cuchillo, ni del horrible rostro de su captora.

El círculo de mujeres cantaba extrañas canciones en murmullos apagados. Eran cánticos de invocación, una invitación para el diablo. Estaban exaltadas, desenfrenadas. Algunas rasgaban sus vestiduras mostrando sus pesados pechos, otras se besaban sin pudor y acariciaban sus cuerpos con lujuria. Los murmullos aumentaron de ritmo y de volumen cuando la mujer del rostro desfigurado tomó un cuenco hecho con la mitad de una calavera  y lo colocó  sobre el pecho desnudo de la muchacha, después levantó la cabeza de la joven tirando, sin piedad, de su precioso pelo rubio y  con un gesto rápido cortó el cuello de pálida y suave piel, pero la sangre no cayó en el cuenco hasta hacerlo rebosar, como había ocurrido otras veces que habían realizado semejante rito. Ni una sola gota resbaló por la esbelta garganta de la muchacha.

La sorpresa, el estupor y el asombro inundaron el claro del bosque, las mujeres cesaron su cántico sorprendidas. Entonces la niña rubia rió con estridentes carcajadas y dijo con una voz oscura que no pertenecía a este mundo:

- ¡Necias aldeanas! ¡Jugáis con poderes que no comprendéis! Sí queríais invocar al diablo, no deberías intentar sacrificar a una de sus verdaderas siervas. A una verdadera bruja. Os concederé vuestro deseo. Pronto os reuniréis con el Señor de los Infiernos en su ancestral Morada.

Sus manos, un momento antes atadas con una férrea cuerda, ahora estaban libres. Comenzó la matanza. Sangre y vísceras resbalaban de las manos desnudas de la bruja. Finalmente cuando sólo había dejado muerte a su alrededor, tomó la cabeza de la aldeana que había iniciado aquellos macabros ritos, creando su propio aquelarre que tantas mozas inocentes había llevado a la muerte, y la lanzó al purificador  fuego  de la hoguera, que finalmente terminó el trabajo que había comenzado tantos años atrás.


domingo, 4 de agosto de 2013

TODO SERÁ GRIS

Eran tiempos aciagos, eran días oscuros, el terror se escondía cruel a la vuelta de la esquina, la libertad era sólo una palabra olvidada. Los hombres no eran mucho más que hormigas obreras trabajando día y noche, al antojo de la hormiga reina y de su sequito de seguidores uniformados. Todo era gris, oscuro como una noche sombría muchas horas antes del amanecer.
La niña caminaba por el viejo edificio abandonado, cubierto de polvo y deshechos. El fuego parecía haberse alimentado bien en aquel lugar dando cuenta de todo lo que albergaba el edificio. Devorándolo todo con un hambre que no hacia distinción, para convertirlo en cenizas y ruinas, pero de aquel fuego parecían haber pasado largos e incontables años.
Algo llamó la atención de la niña. Algo muy antiguo que el fuego no había podido destruir, salvado de la quema, por casualidad, por el destino o quien sabe porque mano divina, quizá la de algún dios ya olvidado por aquella sociedad militarizada y represiva.
Era un objeto extraño de forma rectangular, con una tapa de cartón duro en la que había grabado un bonito dibujo. Al abrir la tapa con curiosidad la niña vio hojas finas con extrañas marcas negras sobre el fondo blanco. Pasó las hojas fascinada y su cerebro se esforzó por descifrar las marcas, pues algo le decía que allí se encontraba la esencia del universo, allí estaban ocultas todas las verdades, las respuestas a todas las preguntas, la descripción del cielo azul  y de las estrellas que brillaban en ese vasto tapiz con la caída de la noche, más allá de la cúpula de metal que cerraba la oscura ciudad y la protegía del exterior. Cielo y estrellas de los que hablaban los ancianos con ojos preñados de lágrimas, al igual que hablaban del aire puro, y de  las risas de los niños jugando. Estaba segura, todo lo importante, todas las historias que siempre había soñado, se encontraban allí al alcance de su mano, pero no fue capaz de descifrar los inescrutables símbolos, así que dejó el objeto extraño allí donde lo había encontrado y volvió corriendo a  la fila de trabajadores, la sirena que llamaba a la población al trabajo sonaba con fuerza resonando estridente en la mañana bajo la cúpula. Un nuevo día de trabajo la esperaba, debía acudir sin demora, los hombres de uniformes grises no toleraban los retrasos a la hora de incorporarse a la línea producción. Un retraso podía ser  castigado con absoluta severidad, corrían historias sobre celdas oscuras y penosas torturas. Corrió y se reincorporó a su fila, una pequeña hormiga más, indistinguible de la multitud de sombras grises que la rodeaban.

En la antigua Biblioteca el libro permaneció quieto, expectante, soñando con que alguien  lo encontrara y que al abrir sus viejas tapas pudiera leer su contenido, pero era un sueño baldío y estéril. En ese mundo no había sitio para los sueños, hacía siglos que nadie sabía leer. El viejo libro permanecería allí, tirado sin poder mostrar la magia que ocultaba en su interior, hasta que sus páginas se desmenuzaran en polvo devoradas por el tiempo y el olvido.

viernes, 2 de agosto de 2013

LAS LÁGRIMAS DEL HÉROE


El héroe es aclamado por la multitud al atravesar el portón, fragantes rosas rojas llueven a su paso, como caídas de un hermoso jardín,  que adornara  los cielos, sobre nuestras cabezas. Además de flores las mujeres lanzan, también, miradas insinuantes, devorando, con ojos lascivos, bañados de deseo y lujuria, la figura del guerrero triunfante. Los niños le miran con la boca abierta y los ojos brillantes de sueños, anhelando emular su valor. Los campesinos, hombres de gestos hoscos y vidas tan duras como la propia tierra, saludan con respeto y gratitud, a su paso y los nobles sonríen, obsequiosos, escrutando su persona con ojos avaros, calculando el posible beneficio que les pueda reportar aquel hombre extraño. El sol de la mañana reluce en su armadura plateada, dándole el aspecto de un dios sacado de antiguas leyendas, hace tiempo olvidadas. La sangre de la  bestia todavía baña con su impureza el metal, donde salpicó con abundancia, tras el baño de espesa sangre, que siguió al poderoso tajo de mandoble que cercenó la cabeza del monstruo, acabando con las incursiones nocturnas que tenían aterrorizadas a las gentes de esa tierra.

Un cofre a rebosar de  brillante oro le espera, como pago por su gesta, en los salones del rey que gobierna con mano de hierro y látigo inclemente las tristes vidas de sus súbditos. Después de cobrar sus honorarios vendrá una noche de juerga y pitanza para celebrar la muerte de la bestia. Mujeres ávidas por ofrecer su cuerpo al héroe matador de monstruos acudirán a él para darle placer. A su alrededor todo serán señales de adoración y gratitud, de alabanzas a su valor y a su fuerza. Un torpe juglar encadenará versos estúpidos sobre su hazaña y los aplausos y los vítores le perseguirán incansables allá donde vaya, pero nadie sabrá, nadie podrá comprender, que cada vez que cierre los ojos para intentar dormir, no podrá  dejar de ver la hermosa figura de escamas doradas tan brillantes, que dañaban los ojos, la belleza encarnada en forma y sustancia, que arrebataba el aliento al ser contemplada, y la sangre mancillando las hermosas escamas, tras un golpe artero, cobarde y traidor, oculto en las sombras. Un herida que mancilló la belleza, dando muerte al último de los dragones. Sólo él, una vez saciado su deseo en mujeres ávidas de complacer su ardor y pasado el efecto benigno del vino, que le hará olvidar sus acciones, recordara la belleza que ha destruido y llorará amargas lágrimas que no pueden ser consoladas. 
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