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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

martes, 18 de marzo de 2014

EL CANTAR DE LOS HIJOS DE OLIMPIA

Cuando comencé  con este Blog empecé publicando pequeños microcuentos, pero los micro han ido dejando paso a relatos más grandes en los que me siento más cómodo. En un principio nunca imaginé que lo que hacia fuera a gustar tanto a la gente. Tanto como para que hace unos días superáramos las diez mil visitas. En agradecimiento por vuestro apoyo os quiero hacer un regalo muy especial para mí. Es una novela que empecé a escribir a los quince años, no tiene mucho que ver con La Oscura Realidad, pero me ha acompañado a temporadas durante toda mi vida. Os la iré dejando capítulo a capítulo y si veo que os gusta seguiré publicando un capítulo cada semana dependiendo de comentarios y G+. De verdad que espero que os guste es muy especial para mí. Muchas gracias a todos.


EL CANTAR DE LOS HIJOS DE OLIMPIA



"Nunca encontrarás por tierra o por mar
el maravilloso camino que conduce
a la fiesta de los hyperbóreos."


PÍNDARO



INTRODUCCIÓN: Las Regiones Hiperbóreas


Amigo lector, has de saber, que en el albor de los tiempos existió un rumor, que fue transportado por el susurro de la brisa, hasta los agudos oídos de  los contadores de historias, hacedores de versos, trotamundos y juglares.
El rumor,  acunado por las primeras luces del amanecer, entró sigiloso en las alcobas de los grandes poetas, tocados por los dulces dedos de las musas y les murmuró quedamente al oído, mientras reposaban sus cabezas en suaves almohadas de plumas de ganso; hablándoles de la existencia de un lugar de lo más extraño y maravilloso.
 Lentamente aquel prodigioso susurro se apoderó de los últimos sueños del juglar que dormitaba, cansado, a un lado del camino en su deambular de pueblo en pueblo, bajo la exigua protección de un frondoso árbol y descansaba su fatigada espalda apoyándola en el colchón de húmeda hierba bañada de rocío. Asimismo le fueron mostrados al ciego cantor de  historias y penas ajenas, visiones que sus ojos vacíos de vida no podrían haberle proporcionado jamás; y el buen ciego, cantó esos versos, mientras golpeaba rítmicamente con su bastón, en los gastados adoquines de las plazuelas de las aldeas y mendigaba una moneda, agitando una jarra de arcilla descolorida y agrietada.
Aquellos maestros de la música, la palabra, las letras y las rimas relataron a lo largo de los años, los hechos acaecidos en tan fascinante paraje, para ganarse los mendrugos de pan, ante el asombrado y crédulo  público, que  escuchaba sus cantos, embobados, o leía sus obras, fascinados.
Contaron los cuentacuentos, a todo aquel incauto, que quiso escuchar sus dulces, aunque generalmente falsas palabras, que existe un lugar donde todo es posible; un lugar que se encuentra más allá  del mundo de la razón: cruzando a través de lejanas  y difusas fronteras; en la extraña orilla, cubierta por la espesa y soñolienta niebla, que limita el  horizonte. Una costa a la que jamás podrán llegar los viejos lobos de mar, que navegan dejándose orientar por el curso que marcan las remotas estrellas,  mientras surcan  los océanos y los mares fríos. Ese lugar se sitúa por encima de las más altas montañas, sobre cuyas blancas cumbres danzan nubes preñadas de nieve, dispuestas a descargar su blanco manto sobre las empinadas laderas,  que conducen a cimas que ningún mortal ha podido  vencer,  ni domeñar jamás.
Un lugar más allá de todo el mundo y pensamiento conocido. Un lugar donde los colores son más brillantes, más vivos y sangrientos; y las sombras más espesas, oscuras y profundas. Un lugar donde la luz y la oscuridad, se enfrentan sobre el traidor filo de una daga, en una eterna danza entre tinieblas.
Allí, en ese agujero perdido en el infinito de la memoria, se encuentran las Regiones Hiperbóreas, donde sucedieron grandes hechos de armas y de honor y  se padecieron incontables sufrimientos y pesares. Los protagonistas de estos hechos realizaron actos que probaron el valor de la amistad y la fuerza del amor verdadero, rodeados en un mar de dolor y sufrimiento, de tristeza y de terror.
Hubo hazañas de valor y arrojo incomparables. Grandes desgracias y crímenes deleznables; sangrientas traiciones  y acciones crueles regidas por el odio y el desprecio.
Participes de estos hechos fueron tanto grandes héroes, como viles traidores. Poderosos nobles o valientes soldados. Simples y honrados campesinos que lucharon, garrote o bielda en mano, para defender su pequeño trozo de  tierra, codo con codo, con los más grandes guerreros, que jamás esgrimieron espada, hacha y lanza. En este cantar hay también sitio para rufianes, picaros y ladrones; sabios señores o reyes corruptos  por la capacidad terrible del poder para nublar las mentes de los que lo detentan.
Nos encontraremos si paseamos por los sinuosos caminos de esta tierra, nos adentramos en sus oscuros callejones, o nos perdemos en sus bosques encantados, con vagabundos, con historias ocultas de un pasado glorioso, que prefieren olvidar, simples y torpes muchachos con un futuro incierto, de  cuyos hechos dependerá el hado del destino.
Y si de mujeres habláramos. ¡Oh, querido lector! ¡Qué mujeres fabulosas son las que habitan esta tierra! No encontrarás en ningún otro lugar belleza comparable a la de las mujeres de la hiperbórea; dulces damas más cálidas y hermosas, que el cielo estrellado de una noche de verano. Pueblan las aldeas y ciudades de esta tierra, muchachas fieles y sencillas de mejillas sonrosadas y corazones alegres,  tiernas e inocentes, puras cual doncellas, en las que el esquivo unicornio reposaría su cabeza sin dudar. Habitan sus castillos y palacios sabias reinas y serenas señoras adoradas por sus súbditos. Luchan en sus batallas firmes y fuertes guerreras que hacen del honor su vida y del acero de su espada, su único amante. Descubriremos, si nos atrevemos a cruzar esa puerta, bajo la tenue luz del bamboleante farol, que desprende una hipnotizante luz del color rojizo de la cálida pasión, que baña la entrada de sus burdeles y tabernas: mujeres expertas en las artes del amor y del fornicio, reinas del placer y la lujuria; señoras del deseo y del pecado. Pero no te dejes engañar, por la maravilla de su belleza y su fuerza, compañero lector, eso sería un grave error; pues, no todas las mujeres hiperbóreas son dulzura, inocencia, valor, pecado o deseo. Percibiremos también, ocultas en las sombras, si miramos con atención entre las espesas tinieblas, servidoras de la oscuridad, crueles y agudas como el filo de una daga; frías como el alba en un amanecer invernal, con la nieve amenazando en el cielo gris de la mañana.

 En este lugar los limites de los posible y lo imposible se difuminan y llegan a rozarse, dando lugar a seres capaces de controlar los poderes de los elementos y las tinieblas; nigromantes que profanan el sueño de los justos; viejos sabios conocedores de las antiguas artes del pasado; hechiceras de belleza tal, que son capaces de embelesar los corazones de los hombres hasta hacerlos enloquecer de pasión  y tornar su alma a la locura;  brujas de rostros pavorosos capaces de agriar la leche fresca y hacer  graznar despavoridos a los gansos. Seres sin alma, poseedores de corazones yertos y terribles poderes, que pueden cambiar la naturaleza y la cordura de las cosas. Monstruos extraños, salidos de las peores pesadillas, que se cuelan sin permiso, en los sueños de los hombres, durante las horas de la noche en las que el mal acecha al inocente y confiado durmiente con su garra helada, provocando en él, sueños negros y fríos, de los que despierta en una mortaja de sudor, con un grito ahogado en el pecho jadeante.
En esta tierra magnífica, el amor y la pasión se producen a primera vista, nublando con su extraño don las entretelas de los corazones, y el respeto hacia los enemigos va enlazado con el odio, las antiguas y sagradas leyes del honor, y la fuerza con la que las firmes muñecas de los poderosos guerreros, manejan diestramente las afiladas espadas, bañadas en el color púrpura de la sangre; mientras reparten la muerte, la venganza y  el perdón.
Quizá, todo lo acontecido en esta tierra y las reacciones y pasiones de sus habitantes parezcan excesivas a nuestros ojos, pero quien somos nosotros, para juzgar aquello que no comprendemos. Algo que nos es tan lejano como la materia de la que están hechos los sueños.

Los hechos acaecidos en la hiperbórea llegaron a las adormecidas mentes de los recién nacidos hombres de nuestra tierra, a través de un suave susurro que se coló en sus sueños, atravesando la Puerta del Cuerno, por la que según se dice en las antiguas leyendas, ninguna falsedad puede cruzar. Y tanto impresionaron y maravillaron aquellas grandes hazañas a los jóvenes habitantes de nuestra tierra, que tomaron a los participantes de aquellos acontecimientos como modelos. Fueron para ellos dioses y héroes. Mitos y leyendas. Punto de partida de sus primitivas religiones.
Los antiguos transmitieron sus conocimientos oralmente de padres a hijos, de ancianos a jóvenes, de abuelos a nietos, de amas de cría a ahijados, de hábiles poetas a ansiosos lectores, de doctos maestros a pupilos ávidos de conocimiento, cuya mente era un pergamino en blanco sobre el que escribir; y así con el transcurso de los largos inviernos y los cambios realizados por los hombres sabios, los hechos variaron, en gran medida, y adquirieron un valor educativo, que sirvió para orientar a nuestros inseguros antepasados en su caminar hacia el progreso. Estas historias tal como variaron con el paso de los siglos de transmisión oral, quizá  se parezcan poco a los verdaderos hechos que ocurrieron en las Regiones Hiperbóreas,  pero no han perdido ni un ápice de su capacidad para causar maravilla y asombro.
Ésta que tienes en tus manos, amigo lector, es la verdadera  historia de dichos hombres, a los que los antiguos habitantes de nuestra tierra denominaron dioses o héroes, y de sus hechos. El origen de los mitos clásicos. Historias perdidas entre la bruma, del tiempo y del espacio, que separa la fantasía de las Regiones Hiperbóreas de la gris realidad del mundo que conocemos. Unas brumas que tal vez sólo se puedan cruzar desde los sueños más profundos, que sueña un soñador de historias o desde las páginas olvidadas de un viejo y gastado libro amarillento, cubierto del polvo del pasado y de los antiguos recuerdos, por desgracia, hace tanto tiempo, olvidados. O quizá sólo sea una invención de los tramposos cuentacuentos y de los sutiles y ladinos poetas, que deben ganarse el pan con sus bellas palabras y sus  maravillosas invenciones, mientras aseguran que sólo relatan en sus versos,  lo que el viento de la mañana ha susurrado en su oído, mientras dormían a pierna suelta, tras una noche de excesos y placeres, esperando la llegada del astro rey. 
Atiende, pues, ahora, amigo lector, a la transcripción en prosa de parte de  la historia contada en los miles de versos de los que consta El Gran  Cantar de los Hijos de Olimpia. Y no hagas caso al viejo poeta griego, pues, aunque nunca encontrarás el camino a tan extraños lugares, ni por tierra, ni por mar como Píndaro bien sabía; estas páginas que hay en tus manos son, sin duda, un buen camino, que te puede acercar a la fiesta de los hiperbóreos.



7 comentarios:

  1. Esteban, estoy fascinado, sí a los quince años ya escribías así, es que tú estás hecho de carne puramente literaria. Me ha gustado a sobremanera el lenguaje que utilizas, es poético y vibrante, pero más aún, las descripciones, los detalles, el conocimiento del mito, y, para cerrar con broche de oro, tu desbordada imaginación. Hijo mío, Píndaro estría orgulloso, créeme. Esta novela promete, no sé que pensarán el resto de los mortales, pero yo quiero adentrarme y descubrir ese fabuloso y apasionante mundo de los Hiperbóreos.

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  2. Gracias Ovidio. La verdad es que lo he escrito y reescrito un millón de veces a lo largo de los años, pero la esencia es la misma que cuando tenía quince años. Y me alegra sobremanera que te guste porque de verdad que es muy muy especial para mí. Espero que disfrutes del resto. Un abrazo.

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  3. ¡Llévame a Hiperbórea! ¡Condúceme a esa puerta, que prometo me atreveré a cruzar! Elijo tu camino, este camino de mágicas palabras, que, estoy totalmente de acuerdo con Ovidio, están tan bellamente redactadas y colocadas que tienen música. No es de extrañar que mi amigo el juglar (me encanta que siempre haya un guiño a mi querido jugar y que posiblemente en Olimpia tenga su origen) se haya visto encandilado e inducido a continuar el canto. Abrazucu a la expectativa de que nos sigas llevando de la mano.

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  4. Ten cuidado con lo que prometes Lucia. Tengo más de 600 páginas escritas de ésta historia je,je. Un abrazo.

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  5. Vaya, me he quedado alucinado. Esta introducción, sólo por los esbozos que presenta promete mucho. Y en cuanto a la redacción, ¿qué decir? La encuentro muy elegante y consigue atrapara a las pocas líneas de empezar la lectura. ¡Quiero leer más cuanto antes! Así que espero que sigas publicando pronto.
    Felicidades por lo que haces.

    Un saludo!

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  6. Gracias Mr M. Acabo de publicar el prólogo que sigue a la introducción. Espero que sigas disfrutando con "El Cantar" Un Saludo.

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