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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

viernes, 13 de junio de 2014

LA VIEJA MÁQUINA DE ESCRIBIR

La vieja máquina de escribir teclea, sin descanso, con su continuo traqueteo, produciendo un sonido maravilloso que aviva la imaginación del escritor, las palabras emergen desde su mente a la hoja de papel, con tal fluidez, a través de aquella antigualla  que parecen brotar con tanta fuerza como si fueran el agua de una fuente que nace en las frías montañas.
Ha encontrado la máquina en el desván, cubierta de polvo y telarañas, al igual que el resto de trastos viejos que abarrotan aquel baúl de los recuerdos. El escritor ha regresado al antiguo hogar familiar, después de muchos años de ausencia. La maquina pertenecía a su abuelo como todo lo que había en aquel viejo caserón, devorado por la humedad e invadido por las ratas. Los recuerdos de su abuelo le abruman, con una tormenta de imágenes y sensaciones que bombardeara su cabeza. Su abuelo, el hombre que le inculcó la pasión por las historias, había muerto cuando el escritor no era más que un niño, dejando una profunda huella impregnada en él. Ahora regresa a la casa donde se había criado con aquel anciano extrañó y entrañable, de genio vivo y carcajada rápida, regresa después de una ausencia de más de treinta años, pues acaba de heredar la vieja casa abandonada, tras la muerte de su madre. 



Después de descargar las maletas lo primero que ha hecho ha sido subir las desvencijadas escaleras hacia el oscuro desván, imagen viva de sus recuerdos infantiles, y allí, sobre un arcón, dentro de una desgastada funda de cuero, como si hubiera estado esperando este reencuentro, inmóvil, durante décadas, se encuentra la máquina de escribir, la misma pesada máquina de carcasa verde con la que su abuelo transcribía todos los cuentos de hadas que su nieto inventaba siendo niño. Con un suspiro de profunda nostalgia, observa la máquina, fascinado. Hace mucho, mucho tiempo que no  ve una maquina como ésta, los ordenadores han asesinado a la mayoría de aquellas reliquias maravillosas, pero esta máquina se ha resistido a morir, aguardando, esperando, oculta en el desván hasta su regreso. Maravillado, suelta el maletín de su ordenador portátil que le acompaña a todas partes y saca un taco de folios blancos, después de insertar una hoja  dentro de las fauces de la máquina, ve que aún tiene puesta una cinta y de que contra todo pronóstico funciona.
- Ya no se hacen cosas como las de antes- le parece oír la voz de su abuelo tan clara como si la hubiera escuchado ayer mismo y no hace, casi cuarenta años, rememora como su abuelo repetía aquella frase  en cuanto tenía ocasión. Supone que todos los viejos dicen esa frase.
— Qué razón tenías abuelo— murmura con una tierna sonrisa en los labios.
Al presionar con fuerza la tecla, la varilla salta, como un relámpago y presiona el papel dejando una marca clara en la hoja.
Comienza a escribir, fascinado por el ritmo que marca el chasquido de las teclas al imprimir la tinta sobre el papel, negro sobre blanco. Una maravillosa e hipnótica cadencia que ningún ordenador podría conseguir jamás. Cada máquina de escribir es una historia en sí misma y tiene su propia historia y una personalidad propia, ésta se comía la mitad de la letra b y no marcaba la letra ñ cuya varilla se negaba a dispararse contra el papel, en eso sí se parecía a los ordenadores. Sonríe. Se relaja. Se deja acunar por la dulce canción que la máquina susurra en sus oídos. Se sumerge profundamente en la historia que le cuenta la máquina con la voz  gastada de su abuelo. Lo que está escribiendo es la historia de aquella casa y las gentes que la habitaban desde que su abuelo era un niño, escribe con ternura sobre las aventuras ocurridas durante la infancia de su abuelo, acompañado de sus inseparables hermanos. Con el corazón encogido cuenta todo lo que hay que contar sobre el padre de su abuelo de genio terrible, que maltrataba, sin cesar, a sus hijos y a su mujer cuando el demonio del alcohol se le metía en el cuerpo, lo que ocurría todos los días. Escribe sobre la esposa de aquel hombre, la dulce madre de su abuelo, su bisabuela, que le inculcó al niño el placer de contar y escuchar historias, igual que muchos años más tarde, siendo un anciano, su abuelo se lo transmitió a él. Escribe sobre como un día su abuelo, nada más que un muchacho de doce años, temiendo por la vida de sus hermanos menores y de su pobre madre, disparó con la escopeta de caza a su propio padre, a bocajarro en la cabeza,  de cómo ocultaron esa muerte y de la sombra de la culpa que le acompañó el resto de su vida por haber matado a su padre.  La maquina susurra, dicta y él escribe poseído por la maquina. Escribe y escribe. Deja plasmada en el papel la hermosa historia de amor de sus abuelos, la hija de un terrateniente enamorada de un simple campesino, una cruel guerra que estuvo a punto de separarlos para siempre, deja constancia de cómo los dos se enfrentaron a todo tipo de dificultades para conservar su amor, contra todo y contra todos, del día más feliz de su vida cuando nació su hija, la madre del escritor y de la pronta llegada de la muerte en forma de cruel enfermedad que le arrebató el amor por su esposa cuando todavía era tan fuerte como el primer día. Escribe todo lo que hay que escribir hasta quedarse vacío por dentro y dejar constancia de los recuerdos de aquella máquina, de aquella casa,  de aquellas paredes, los recuerdos de su abuelo, sus secretos, dejando por fin esa culpa que siempre había caminado junto a aquel hombre entrañable, como una sombra de un tenebroso fantasma plasmada en aquellos papeles, liberando por fin de un peso terrible que aprisionaba el alma de su abuelo
 Al llegar los primeros rayos de sol del amanecer, el nuevo día encuentra al escritor dormido sobre la máquina con el manuscrito terminado. Lo relee maravillado, dándose cuenta de que es lo mejor que ha escrito nunca y sabiendo que es lo mejor que escribirá jamás, porque dentro de esas hojas se encuentra el corazón y la verdad de su familia.

Desde un espejo polvoriento del desván el espíritu de su abuelo le mira con cariño, sintiéndose completamente  orgulloso del hombre en que se ha convertido su nieto.

4 comentarios:

  1. Genial historia, compañero. Bien narrada, fluida, atrapante.

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    Respuestas
    1. Gracias Carlo. Me gusta mucho esta historia, salió casi sola. Regresé a una casa a la que no había vuelto en quince años y me encontré en el armario la vieja máquina de escribir de mi abuelo y escribí este cuento en ella. Un saludo.

      Eliminar
  2. No está nada mal. No sé si será porque aprendí a escribir en una vieja de esas máquinas (no tan vieja como la de la foto) y sé del sonido que producen las teclas y el impulso que las mueve, cuando estás enmusarañado.
    Quizás si no fuera por eso, a lo mejor resulta un poco monótono, pero solo puedo ser subjetivo y decirte que me ha gustado mucho.
    Gracias por compartir.

    Un saludo.

    ResponderEliminar

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