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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

miércoles, 7 de enero de 2015

LA DÉCIMA RUNA

Últimamente estoy muy liado. Un largo viaje me ha alejado por unos meses de mi lugar de residencia y además estoy terminando una novela (EL HOGAR DE LOS SAUCES) que no se quiere dejar terminar, pero os prometo que el resultado final  merecerá la pena. A veces cuando me bloqueo con algo que tengo entre manos, dejo vagar mi mente por viejos archivos y viejas historias. Así recordé una novela de fantasía épica,  que dejé abandonada hace eras del tiempo. Comencé a releerla después de muchos años y me pareció divertida y pensé: ¿Qué saldría de aquí si esto fuera una serie de la HBO? Y éste es el experimento que surgió de semejante idea. He reescrito el primer capítulo del libro como si fuera el primer episodio de una serie. No sé si os gustará, pero a mí me ha divertido mucho hacerlo y me ha servido para desoxidarme y ponerme las pilas con EL HOGAR DE LOS SAUCES que ya encara su recta final. Sí el experimento os gusta, osea si tiene los suficientes G+ le daremos continuidad y podría ser como una serie. Ya me contaréis que os parece.
 
LA DÉCIMA RUNA
EPISODIO 1 – LA ESPADA ERRANTE
(Una oscura noche. Un valle entre montañas. Dos lunas brillan en el cielo, una pálida y una roja.  En el centro del valle resplandecen las luces de una ciudad fortificada. Nos acercamos poco a poco a la ciudad, a su empalizada, pasamos sobre sus casas de madera, hasta llegar a una enorme casa de piedra desde la que se escucha un atronador bullicio y un cálido resplandor que surge al exterior desde sus ventanas y puertas. Nos detenemos un instante en el gastado cartel  donde podemos apreciar el tosco dibujo de una espada  manchada de sangre negra y un monstruo horrible muerto con el acero incrustado en su pecho, sobre el cartel un letrero en el que se puede leer escrito con bonitos letras: La espada errante, propiedad de Lupen Rasmor.
Dejamos atrás el cartel y entramos acompañando a una figura encapuchada en el bullicio del interior de la posada,  según avanza la figura vemos gente bebiendo, jugando a los dados y a los naipes, mujeres ejerciendo su oficio en los rincones, risas, cantos, brindis, balbuceos provocados por el exceso de alcohol, discusiones acaloradas.
Una voluptuosa camarera pelirroja, portando una bandeja llena de jarras de oscura cerveza está a punto de chocar con un borracho que ha trastabillado hacia ella, pero con un ágil quiebro digno de una reputada malabarista, esquiva al patán, y ni una sola gota de cerveza  cae de la bandeja, cuando parecía que todo su contenido iba a derramarse sobre la figura encapuchada.)
KYRA: ¡Mira por donde pisas, Janick! O le diré a tu mujer a qué labores dedicas las largas horas de la noche y en qué gastas los escasos ahorros que su padre acumuló con el duro trabajo de toda una vida, ahora vete a casa antes de que caigas desplomado en el suelo de la taberna y te pisoteen los demás.
(Hay un poco de molestia en la voz de la muchacha pelirroja pero la sonrisa en su boca y la amable manera en que con la mano libre sujeta el hombro del borracho, para evitar que caiga al suelo, nos muestra que su enfado no es demasiado grande.)
JANICK: (Balbuceando) Lo…  sien…to, Kyra. No… volve…rá a suce…der.
(La figura encapuchada avanza hacia la atestada barra detrás de la cual hay un hombre enorme de hombros tan anchos como un tonel, su cabello es escaso pero también pelirrojo y una fea cicatriz surca su rostro desde la frente a la prominente barbilla. Sus brazos tienen el aspecto de los de un hombre que pudiera doblar una barra de metal.
La figura encapuchada se  acomoda en la barra en un rincón, junto a un hombre que bebe metódicamente. El enorme posadero una vez rellanada tres veces la jarra del hombre se acerca a la figura. La observa con curiosidad como tratando de adivinar que hay bajo las sombras de la capucha.)
LUPEN: ¿Qué desea?
SHELLADAR: Necesito llegar a Krannak, con urgencia. (La voz es de mujer sin duda. El posadero vuelve a observar a la encapuchada con más curiosidad, con cierta sorpresa y un poco de temor.)
LUPEN: ¿Krannak, eh?  Y lo dice tal cual, como si pidiera ir a la vuelta de la esquina. Esta es una taberna, señora. Preguntaba que desea para beber y llenar la panza. Nada he preguntado de viajes a lugares de funesto nombre.
SHELLADAR: Cerveza negra y una ración de carne asada con especias, he oído que esas son las especialidades de la casa. Por lo visto, incluso, son famosas por estas tierras.
LUPEN: Así es. (Afirma el posadero complacido. La mujer pone una bolsita de monedas en el mostrador. El posadero observa la bolsa de cuero calculando su valor a peso.)
LUPEN: Ese saquito parece bastante bien provisto.
SHELLADAR: Quiero también una habitación para pasar la noche.
LUPEN: (Tomando la bolsa de monedas en la enorme manaza y abriéndola con curiosidad, se sorprende claramente al ver el brillo dorado de las monedas cuando esperaba ver el ocre tono del cobre). Con esto podría alquilar la posada y todo lo que hay en su interior durante una semana. Incluidos los borrachos y las putas.
SHELLADAR: Eso y un viaje a Krannak. Habrá tres bolsas iguales a ésta al terminar el trabajo.
(El posadero asiente con una enorme sonrisa y guarda la bolsa en el interior de su enorme camisa, haciéndola desaparecer.)
LUPEN: Veremos lo que se puede hacer. ¡Kyara! (llama con su poderoso vozarrón) ¡Deja ahora mismo lo que estés haciendo y ven aquí!
(La camarera pelirroja se acerca, tendiendo su bandeja a otra camarera, limpiándose las manos en el delantal.)
KYARA: ¿Qué ocurre?
LUPEN: Prepara la salita privada. Acompaña a la dama. Atiza el fuego  y sirve una cena completa. La señora y yo tenemos asuntos que atender, más tarde.
KYARA: Muy bien. Señora, sígame, por favor.
(Cuando  la encapuchada y la camarera se alejan del mostrador hacia una puerta lateral que las saque de la sala común de la posada, el orondo posadero hace un gesto a un hombre sentado en un rincón oscuro. El hombre se levanta, es alto y fuerte, fibroso como un junco, tiene encrespados cabellos oscuros y ojos claros, su rostro, cubierto por una descuidada barba de varios días sin usar la cuchilla, está curtido por la intemperie y su expresión es seria y severa.)
LUPEN: Tenemos trabajo. (Saca de nuevo la bolsa de monedas a la vista, abriéndola para que el otro hombre pueda ver el brillo del oro)
LIARE: Sí, eso parece (asiente, escrutando la pesada bolsa de monedas y después la figura de la mujer encapuchada que sale, en este momento, por la puerta lateral). A simple vista no parece un trabajo fácil. Nadie paga tanto por algo sencillo.
LUPEN: (Un poco reticente) Krannak.
LIARE: (Se ríe con una seca carcajada helada) Eso, permíteme que te lo diga, Lupen: es una autentica locura.
LUPEN: ¡Ha dicho que habrá tres bolsas más como ésta, cuando termines el trabajo!
LIARE: Para mí no habrá ninguna bolsa si termino muerto en el páramo, mi carroña devorada por los buitres y con mi blanco esqueleto tostándose al sol. Además, aunque llegáramos a ese lugar maldito a través del páramo, no se juega con lo que aguarda oculto en las sombras de Krannak. ¡Devuelve esa bolsa, Lupen!
LUPEN: Escuchémosla por lo menos. Me pica la curiosidad. Quiero saber qué es lo que tiene que decir.
LIARE: La curiosidad mató al gato, amigo mío. Y me huelo que en todo esto el gato soy yo. Pues tú no vasa sacar esa enorme barriga de  detrás del mostrador.
LUPEN: (Con sorna) Soy un hombre de negocios, viejo amigo. Mi época de andar por los caminos quedó atrás. Sólo soy un pobre viejo que apenas puede mover sus decrépitos huesos. Pero recuerda que cuando no eras más que un niño famélico y abandonado, que acababa de perder de forma cruel a su familia, yo te salve la vida, te acogí entre los míos, tratándote como si fueras mi propio hijo y te enseñé todo lo que sé…
LIARE: Odio cuando haces eso, Lupen. Lo odio con toda mi alma.
LUPEN: Lo sé. (Riendo ladinamente.)
LIARE: Como quieras. Escuchémosla, entonces.
LUPEN: Así me gusta, muchacho. Ése es el espíritu.
LIARE: Algo me dice que me voy a arrepentir de esto.
LUPEN: Claro que sí, Liare, claro que sí… pero míralo de otro modo, puede ser el comienzo de una gran aventura.
 
(En una oscura celda un hombre cuelga sujeto del húmedo techo, por los tobillos encadenados a una férrea cadena. Está siendo torturado, cruelmente. Escuchamos sus gritos de dolor desesperado y el chasquido brutal de los latigazos y de la carne al lacerarse en su espalda desgarrada. Vemos una mesa llena de de escalofriantes instrumentos de tortura, manchados de sangre, unas tenazas y una docena de dientes recién arrancados de raíz. El torturador es un hombre gordo y calvo con el rostro comido por la viruela, sonríe con alegría después de cada furibundo latigazo, como si se alimentara del dolor del torturado, que ya no es más que una masa informe de carne destrozada como pulpa y sangre que gotea en el apestoso suelo de la celda, perdiéndose por un sumidero.
Percibimos una sombra oscura a espaldas del hombre del rostro marcado de  viruela, observando su trabajo. El torturador se aparta a un lado, podemos apreciar su profundo temor hacia el ser que acaba de entrar en la celda)
TORTURADOR: (Con voz obsequiosa y sumisa) Mi señor, Ulurel. El preso ya está tan maduro como una fruta podrida. Dirá cualquier cosa con tal de que le concedáis el don de la muerte, cualquier cosa antes de pasar otro día más entre mis hábiles manos.
(La sombra se acerca, su presencia parece llenar toda la habitación como sí la oscuridad caminara con él.)
ULUREL: Habla (Su voz es ronca, extraña, gélida, cruel). Dime el nombre de aquel a quién busco. El nombre del último descendiente. El nombre del guardián del polvoriento legado de la decrépita orden a la que perteneces.
TORTURADO: (Alzando el único ojo que le queda para observar aterrado la presencia que se yergue ante él) Dión… hijo de… hijo de…  Dina…vane, Dinavane. (Balbucea sin fuerzas con su boca sin dientes de la que brota un esputo sanguinolento).
ULUREL: ¿Dónde puedo encontrarlo?
(Un profundo silencio. El torturador pasa su lengua por los labios, expectante, excitado. Pero la sola presencia del poder que emana aquella sombra es suficiente para resquebrajar las murallas con las que  el pobre infeliz trata de protegerse).
TORTURADO: El monasterio…. de la Montaña.
ULUREL: Bien. Eso conviene muy bien a los planes de mi Señor. Todos los centros de saber deben ser destruidos. El conocimiento es poder. No habrá conocimiento en este mundo capaz de enfrentarse a la oscuridad que se avecina. Me encaminaré a la Montaña, arrasaré ese templo del saber con todos los eruditos que allí se encuentran y me encargaré personalmente de borrar de la faz de la tierra al heredero del legado de tu orden.
TORTURADOR: ¿Y qué hago con él?
ULUREL: Mi poder lo mantendrá con vida. Sigue torturándolo, sus antepasados casi destruyen a nuestro Señor en otro tiempo y frustraron sus planes durante mil años. Él pagará por los pecados de sus padres, lo pagará eternamente. (Su mano, más bien una garra hecha de sombras, agarra al despojo humano por el cuello. El grito de dolor resuena por todas las celdas, mientras la sombría figura se aleja por los estrechos pasillos, las antorchas pierden su brillo cuando pasa por su lado casi apagándose por completo.)
 
(En la sala privada de la posada La Espada Errante, la mujer encapuchada  ha echado atrás la capucha que cubría su rostro, dejando al descubierto una larga melena dorada y unos  preciosos ojos color miel, come un plato de carne asada con especias y bebe una jarra de oscura cerveza espumosa. La camarera pelirroja entra con el postre en una fuente.)
SHELLADAR: Te llamas Kayra, ¿verdad, muchacha?
KYARA: Ese es mi nombre, señora.
SHELLADAR: Es un nombre muy bonito. Dime muchacha, eres la hija del posadero, ¿no es así?
KYARA: Lo soy, señora.
SHELLADAR: Mi nombre es Shelladar. ¿Puedo hacerte una pregunta, Kyara? 
KYRA: Claro que sí, señora.
SHELLADAR: ¿Son verdad todas las historias que se cuentan sobre  tu padre?
KYRA: (Riendo con una carcajada) Lo dudo mucho, señora.
SHELLADAR: ¿Cómo?
KYRA: Lupen Rasmus es el mayor mentiroso desde aquí al ducado de Lasdroval, seguramente no hay nadie en todo el reino de Nordar capaz de igualarle a la hora de contar mentiras.
SHELLADAR: ¿Me estás diciendo que todas esas canciones y leyendas que se cuentan sobre él, sobre la espada errante son mentiras? ¿Invenciones y patrañas? ¿Qué no son nada más que cuentos para engañar a los incautos?
KYRA: Siento deciros que sí, señora. No me interpretéis mal, mi padre es un hombre valiente. Y en sus años jóvenes era un soldado de valor y un reputado mercenario, pero de ahí a matar monstruos y dragones o conquistar el corazón y la cama de princesas y damas nobles va un mundo.
SHELLADAR: Así que le he dado una bolsa llena de oro o un impostor, para que me lleve nada menos que a Krannak atravesando el páramo.
KYRA: (Riendo alegremente) En efecto señora, le habéis dado la bolsa a un impostor, pero al hacerlo habéis contratado a Liare, y puesto vuestro destino en sus manos y os puedo asegurar que no encontraréis mejores manos. Si se puede llegar a Krannak, Liare os llevará, aunque nunca hayáis escuchado una leyenda o una canción sobre él. Liare no es de esos hombres que se alimentan de la fama o las canciones, como mi padre, no sé si me explico… él no necesita de esas cosas, le basta con  la satisfacción de un trabajo bien hecho.
 
(La bulliciosa posada, ahora, a altas horas de la noche se mantiene en silencio, sólo se escuchan los desangelados ruidos que Kyra hace recogiendo y limpiando la sala. Ya no quedan clientes.  En una mesa oscura del rincón se sienta un grupo de hombres de aspecto patibulario. Liare apoyado en una columna de madera los observa. Lupen sentado en la mesa contigua, bebe de una enorme jarra de cerveza negra.)
KURT: ¡Debes estar loco! ¡Krannak! ¡No cuentes conmigo! No pienso acercarme a menos de doscientas millas de ese lugar.
LIARE: Kurt, no sabía que te asustaran los cuentos de viejas, pero como quieras, uno menos para compartir el oro.
LUPEN: Muchísimo oro.
LIARE: Si ya no contamos con Kurt, ¿con quién podemos contar?
LAMESDES: Yo me apunto, el brillo del oro es mi perdición y dicen que Krannak está muy bonita en esta época del año.
XAR: Eso era antes de la Caída, antes de que la muerte y la oscuridad la envolvieran como una mortaja, ahora sólo queda allí el polvo y el terror. Pero yo iré. No abandono a los amigos cuando piensan en suicidarse y quiero echar un vistazo al lugar que todos temen.
LIARE: (Echando una mirada a los demás que se revuelven incómodos en la mesa. Regala a Lupen una significativa mirada.) Sólo dos, esto va de mal en peor, te lo dije, en cuanto han escuchado el nombre de Krannak se han cagado en los pantalones.
URIL: ¿De cuánto oro estamos hablando?
LUPEN: Suficiente para pagarte las putas durante todo un año.
URIL: Eso es mucho oro. Yo puedo follar mucho.
(Todos ríen nerviosos)
LUPEN: Lo es.
URIL: Entonces cuenta conmigo.
LIARE: Ninguno más.  No me lo puedo creer, alabo vuestro compañerismo. Uril va a poder follar durante muchos años con este reparto.
KYARA: Yo iré también.
(Liare y Lupen alzan los ojos a la vez, no dando crédito a lo que escuchan)
LIARE: Kyara.
LUPEN: Nada de eso, jovencita…
KYARA: ¡Ni una palabra! ¿Acaso no formo parte de esta compañía? ¿No me has entrenado, padre,  para que pueda sobrevivir a cualquier cosa que nos deparé el futuro? ¿No luché con destreza a vuestro lado en el asunto de Osfrad y también en Dagotin?
LIARE: Sí lo hiciste, eres una de las mejores espadas que yo haya visto, pero esto es diferente, estamos hablando de cruzar el Páramo. ¡Estamos hablando de Krannak! Un nombre funesto, cargado de presagios oscuros
KYARA: En efecto, por lo tanto necesitarás toda la ayuda posible y está claro que estos valientes amigos nuestros, que siempre lanzan bravatas sobre que te seguirían al infierno, está vez no van a prestarte su ayuda. Me necesitas.
LUPEN: No pienso discutir esto delante de todos, vuelve a tu cuarto jovencita.
KYARA: No soy ninguna niña, ya no. Soy tu socia en este negocio. ¿Recuerdas? A partes iguales, dijiste, después de la muerte de mamá. Mi palabra vale lo mismo que la tuya.
LUPEN: ¡Maldita seas, niña! (Lupen se muestra apesadumbrado) Liare dile algo.
(Silencio. Un largo silencio)
LIARE: Ella tiene razón, Lupen. Necesitaré toda la ayuda posible para salir de este lío en el que nos has metido. Kyara ya ha demostrado en muchos trabajos difíciles su utilidad.
(Kyara ríe satisfecha. Lupen entierra la pesada cabeza entre sus enormes manos.)
LIARE: Lupen, encárgate de prepararlo todo, partiremos dentro de dos días, al amanecer. Los demás malditos desgraciados, largaos de aquí, no tengo el menor humor de seguir viendo vuestros feos rostros de cobardes. Y si os queda algo de decencia, corred la voz, entre el resto de muchachos, con discreción, necesitaremos algún que otro hombre más que nos ayude para salir bien librados de ésta.
 
(Un jinete cabalga con un galope desenfrenado, internándose tras los muros de un castillo. Un palafrenero toma su caballo y el ágil jinete salta al suelo, sin detenerse se dirige de una fatigada carrera hacia la puerta, porta un manto pardo sujeto por el broche de una hoja plateada. Se dirige a los guardias que salen a su encuentro.)
 ELEDAR: Avisad al duque, traigo noticias urgentes que debe escuchar.
GUARDIA: Es noche cerrada. El duque está durmiendo…
ELEDAR: Despertadle, tiene que escuchar mis noticias cuanto antes y despertar al viejo Miriel, pues necesitaremos de su consejo y  también a Alain. No es tiempo de dormir, la noche cae sobre nosotros.
(En una sala de reuniones Eledar se sienta junto al fuego de una chimenea, derrengado sobre una silla, bebiendo de un cuenco lleno de agua clara, cuando entran en la sala un hombre de unos sesenta años y otro que sin duda es su hijo,  pues tienen rasgos muy similares, sólo distinguidos por las arrugas y el pelo blanco del hombre maduro. Eledar se pone en pie e inclina la cabeza ante los recién llegados, pero el hombre mayor indica al explorador que tome asiento y se sienta en un taburete muy pegado a la chimenea, el hombre joven se mantiene en pie.)
ELEDAR: Mi señor, nuestros temores eran ciertos, algo que llevaba mucho tiempo durmiendo ha despertado en Krannak.
ALTARAN: Entiendo (el rostro del duque es fúnebre.)
ALAIN: Nuestros peores temores se han confirmado.
ELEDAR: Siguiendo vuestras órdenes llegamos hasta el mismo templo de Thale en Krannak y lo vimos con nuestros propios ojos. La oscuridad ha cobrado forma de nuevo, mi señor. Una forma terrible que deja sin aliento y arrebata las fuerzas. Todas las criaturas tenebrosas que pueblan el mundo se adhieren a la oscuridad como parásitos.
(Un anciano calvo, de larga barba blanca, ha entrado en la sala mientras Eladar hablaba. En el rostro del anciano se puede apreciar el miedo y la preocupación que las palabras del explorador causan en su corazón, las manos del viejo tiemblan)
MIRIEL: ¿Buscasteis al Lixit, cómo os pedí que hicierais si mis sospechas y mis peores temores resultaban ser acertados?
ELADAR: Lance y los demás fueron en su búsqueda, mientras yo me hice con una montura y cabalgué sin descanso hasta aquí.
MIRIEL: Necesitamos encontrar el Valle Escondido. Necesitamos una alianza con el poder que allí mora. ¡Es nuestra única esperanza!
ALAIN: Linder Orejasgrandes es testarudo y muy grande es su dolor. Nos culpa a nosotros de la muerte de alguien muy querido para él. ¿Qué ocurrirá si no colabora?
ALTARAN: Hace bien en culparnos, pues la muerte de esa muchacha es en verdad culpa mía. Le conozco hace muchos años, la primera vez que lo vi, yo no era más que un niño y él ya formaba parte de los Hojas de Plata, desde entonces hemos tenido muchos encuentros, y con los años se forjó una amistad entre nosotros. Es testarudo como bien dices, pero es justo y no permitirá que otros sufran por sus decisiones.
ELEDAR: Yo formó parte de los exploradores desde hace sólo un par de años, mi señor, y no conozco al sentidos agudos, pero he escuchado cientos de anécdotas sobre él, y conozco bien a Lance y a Démora. Siempre consiguen lo que se proponen. Lo convencerán.
MIRIEL: Está bien, supongamos que el lixit se pone de nuestra parte, después qué. Debemos pensar en nuestros próximos movimientos, mientras todavía hay tiempo de mover, muy pronto los acontecimientos se precipitarán y viviremos bajo una tormenta donde la furia de  unos vientos oscuros nos arrastrará sin remedio.
 
(Los aposentos de Liare en el ático de la posada, desde la ventana iluminada vemos como se desnuda, dejando ver su cuerpo musculado, una blanca cicatriz le cruza el pecho bajo el pezón izquierdo, se introduce en una tina de agua humeante y cierra los ojos, relajado.)
LIARE: Cuando estoy en los caminos esto es lo que más echo de menos.
(Unas delgadas manos acarician sus fuertes hombros y su ensortijado cabello negro.)
KYARA: ¿Mis manos o el agua caliente?
(Liare sonríe de buen humor, aunque mira a la muchacha con cierta preocupación.)
KYARA: Porque si son mis manos lo que extrañabas esta vez estarán a tu lado durante todo el viaje.
LIARE: No me gusta nada esa idea. Deberías quedarte, Kyara.
KYARA: ¿No confías en mí? ¿No pondrías tu vida en mis manos y en mi espada?
LIARE: No es eso y lo sabes. Estamos hablando de Krannak, no sabemos lo que podemos encontrar allí.
KYRA: No me importa lo que haya en ese lugar maldito. Pero no pienso dejar que vayas allí sin mí, a partir de ahora nos enfrentaremos a todos los peligros juntos. Llevó enamorada de ti, desde que tengo uso de razón. Ahora que eres mío, nada podrá separarnos.
(Kyara completamente desnuda, mostrando su perfecto cuerpo de formas sugerentes,  se introduce en la tina besando con pasión los labios de Liare,  acomodándose sobre él, que responde al instante a su sensual presencia. Los pechos de Kyara, blancos y pesados, de erectos pezones rosados quedan a la altura de la boca de Liare que los lame y los besa mientras sujeta a Kyara por las nalgas, apretándola contra él, introduciéndose dentro de ella con lentas sacudidas. Ella jadea excitada mordisqueando sus gruesos labios con deseo. Lo cabalga cada vez más rápido, ahogando sus jadeos, silenciando los gritos que acuden a su garganta. Más y más rápido. Hasta hacerlo enloquecer de placer. Una vez saciada lo cubre de besos hasta quedar exhausta sobre él con la húmeda cabellera rizada cubriendo su rostro satisfecho.
Más tarde se encuentran tumbados en la cama, desnudos, ella entre sus brazos juguetea con su mano en la polla de él, que vuelve a endurecerse con los suaves movimientos de su mano.)
KYARA: He hablado con ella, parece muy simpática y agradable.
LIARE. ¿Con quién?
KYARA: Con nuestra contratadora.
LIARE: No me importa lo agradable que sea, la verdad. Sólo me pregunto qué endemoniados asuntos pueden llevarla a Krannak.
KYRA: De eso no hemos hablado, pero tenías que haber visto su rostro. Es preciosa, como una reina o una princesa de cuento. Es la mujer más bella que he visto jamás.
LIARE: Así que aquí se descubre el pastel. Quieres acompañarnos porque estás preocupada. Temes que caiga hechizado ante los encantos de esa mujer.
KYARA: Desde aquel día que mi padre te trajo a nosotros y nos dijo que te consideráramos un nuevo miembro de la familia te he amado, he luchado mucho para conseguirte, primero para hacer que te fijarás en mí, y después para conseguir que te decidieras a dar el paso definitivo, a pesar del respeto que te inspiraba mi padre. Y por fin te tengo aunque sea a escondidas yo sé que eres mío.
LIARE: Yo no di, ningún paso. Tú te metiste en mi cama una noche y cuando me di cuenta ya tenías mi polla en tu boca…
KYARA: No seas tonto, mi amor, ya sabes a qué me refiero. Te he dicho que nada nos separará, ni esa mujer ni la oscuridad de Krannak ni nada.
(Kyara desciende besando el pecho y el vientre de Liare hasta llegar a su polla, Liare se deja ir de nuevo, acunado en sus labios y sus caricias)
 
(Un cálido sol baña un precioso valle, bajo un espeso pinar hay una pequeña aldea plagada de casitas blancas y cercados de madera, que separan verdes jardines y frondosos huertos. En uno de los huertos vemos a un hombrecillo achaparrado, escavando sus patatas con diligencia mientras silba una bella melodía. Su aspecto es un tanto extraño, enormes orejas redondeadas, ojos abultados, nariz plana con dos amplias fosas nasales, tez oscura como cuero negro, dedos agiles, panza abultada escasos cabellos rizados sobre las orejas. Sin duda no es humano, pertenece a la raza de los Lixit que los humanos llaman sentidos agudos. De pronto se detiene, alza la cabeza y olisquea el aire sonriendo.)
LINDER: Lance (susurra  con alegría, se vuelve a unos conejos que corretean por el jardín, hablando con ellos como si pudieran entenderle) Tenemos visita. Viejos amigos llegados de un largo viaje, de tierras lejanas,  por lo visto llevan días sin bañarse y en sus botas apestan aún los restos de polvo del páramo, hace menos de tres días que cruzaron el desfiladero, y sus pasos les han llevado directamente aquí, muchachos. Debemos ser amables, están muy fatigados, sus respiraciones todavía son agitadas, ha sido un mal viaje, lleno de peligros, puedo oler la capa de temor que cubre sus pieles. Algo malo ocurre, amigos míos. Algo muy malo ocurre, para que Lance Kilmar y los demás Hojas de Plata del ducado de  Lasdroval vengan a visitar a su viejo compañero de fatigas, rompiendo así la promesa que le hicieron de dejarle en paz para el resto de sus días.
(Con la cabeza erguida olisquea el aire de nuevo, aspira profundamente como si quisiera introducir todo el aire del mundo en sus pulmones y arruga la nariz.)
LINDER: Algo está cambiando, lo siento en el aire, muchachos. Ya sabéis que mis viejas narices lo pueden oler todo, pero sí hay algo que de verdad puedo oler desde lejos son los cambios.  Llevo varios días sintiéndolo en los huesos y teniéndolo en la punta de la nariz. Todos hemos escuchado los rumores de guerra en el lejano Norte, pero siempre hay guerra en el norte, y se dice que los caminos ya no son seguros, pero cualquiera que haya viajado por los caminos sabe que nunca fueron seguros, pero aún así tendría que haber sabido que se acercaba un cambio. Me decía a mí mismo engañándome: viejo tonto, no es nada, simplemente el reuma y algún olor  pestilente proveniente de las minas del sur que se ha quedado en el ambiente, pero ya no puedo seguir engañándome, la realidad está a punto de llegar a mi encuentro por ese camino.  Éste va a ser un cambio a peor amiguitos, un cambio a mucho peor… (Encoge los hombros como si le hubiera dado un helado escalofrío) Odio los cambios. Hubiera sido mejor no levantarse esta mañana, estoy demasiado viejo para lo que se avecina. Pero qué le vamos a hacer, como decía mi padre: lo que tenga que ser será, por ahora preparemos un almuerzo rápido, mis viejos camaradas se acercan paso a paso hasta aquí, aunque todavía tardarán un poquito en llegar, recibámoslos como se merecen, pues están de verás hambrientos, aún desde tan lejos puedo escuchar el furioso rugido de sus tripas vacías.
(Vemos como el hombrecillo entra en  la confortable casita, pone la tetera al fuego y la panceta y los huevos en la sartén, coloca las sillas y las mesas para cinco personas. Baja a la bodega y sube un barrilete de cerveza bajo el brazo y una botella de vino en la otra mano. Llena dos jarras de cerveza, una copa de vino y echa el agua hirviendo de la tetera en una infusión de hierbas. Sirve los huevos y la panceta en los platos de madera. Deja una hogaza de pan blanco y un tarro de manteca caliente junto a la hogaza.
Una vez terminada la preparación del almuerzo, fija su vista en el bastón de madera, ricamente tallada, colgado en la pared sobre la chimenea y en una cajita de cristal en la que reposa sobre una capa de doradas hojas secas, un broche de plata también con forma de hoja de sauce.)
LINDER: Justo a tiempo. (Dice a la vez que abre la puerta de su casa. En el umbral aguardan cuatro viajeros. Un hombre alto y rubio de ojos verdes, un humanoide delgado  y no muy alto, pálido con cabellos verdosos y unos enormes ojos violetas  en forma de rombo. Un hombretón de aspecto salvaje con una espesa barba pelirroja y una  pesada hacha colgada de su ancha espalda, detrás de todos, una mujer hermosa de larguísima melena negra y ojos oscuros y peligrosos. Todos visten ropas de viaje pardas gastadas, sucias y desgarradas, parece que la misión de la que regresan ha sido verdaderamente muy dura. Todos llevaban prendidos en sus ropas un broche con forma de hoja de sauce plateada).
LANCE: Me alegro de verte, Linder. Ha pasado mucho tiempo. Te he echado de menos… (Dice el hombre de ojos verdes saludando al hombrecillo con un gesto cansado y una profunda sonrisa de vieja amistad bailando en los labios)
LINDER: Lance, teníamos un acuerdo. (Muy molesto y enfadado).
LANCE: Las cosas han cambiado, viejo amigo. Han cambiado mucho…
LINDER: (Echando un vistazo al exterior desde donde varios pares de ojos observan con curiosidad a los viajeros recién llegados y cuchichean en grupos). Este es un lugar tranquilo, aquí no están acostumbrados a las armas, ni a los extraños, jamás han visto por aquí a un antar de los pantanos, Kail no sé lo tomes muy en cuenta. Lo cierto es que llevo un lustro por aquí y creo que todavía no han terminado de acostumbrarse de tener un lisit conviviendo entre ellos.
KAIL: (Encogiéndose de hombros sin darle importancia) No hay problema, los míos rara vez salen de los pantanos. Ya sabes que estoy acostumbrado a semejantes miradas.
LINDER: Está bien, pasad o seremos la comidilla de los lugareños durante semanas. La mesa está puesta, hay comida y bebida para todos.
(El hombrecillo se aparta de la puerta y deja entrar en su hogar a los fatigados viajeros, antes de cerrar la puerta echa una última mirada de disgusto a los grupitos de curiosos que se han arremolinado en torno a su casa.)
LANCE: Lo siento Lind, ya sé que teníamos un trato, pero…
LINDER: ¡No hay peros que valgan, Lance! No pienso volver a los caminos. Pero por ahora cierra la boca, muchacho, y comer y descansar antes de que os caigáis muertos en mi puerta. Hay cerveza para Arktar y para ti, y vino para Kail, además de una infusión para Démora de esas apestosas hierbas que tanto le gustan, hay huevos y panceta y queso  curado, manteca y una hogaza de pan tierno. Comer y beber hasta reventar si queréis, pero después cogeréis el mismo camino que os ha traído hasta aquí y os largaréis sin decir una palabra sobre los motivos de vuestra visita.
LANCE: Ojalá pudiéramos viejo amigo, pero no podemos. Venimos de Krannak, hemos caminado sin descanso durante una semana, hemos cruzado el páramo en dos días para llegar a tu puerta…
LINDER: Lance Kilmar, no me has oído, no quiero saber nada de lo que hay en el ancho mundo, más allá de la cerca de mi huerto. Comer si queréis, si no es así podéis largaros ahora mismo por donde habéis venido.
(Arktar, el gigante barbado y Kail, el antar de los pantanos, se abalanzan sobre la mesa, atacando la comida y la bebida. Como una manada de lobos hambrientos.)
DÉMORA: Lamento tu pérdida, Linder, de verdad, siento mucho lo que ocurrió. Ella era también mi amiga, pero no puedes ocultarte aquí para siempre…
LINDER: Pues llevo cinco años haciéndolo y nunca he sido tan feliz.
LANCE: No lo entiendes, amigo mío. De lo que se ha despertado en Krannak uno no puede escapar, simplemente ocultándose.
DÉMORA: Es la oscuridad, Linder. La oscuridad ha renacido y la tormenta que agitarán sus negras alas barrera el mundo a su paso.
LINDER: ¡No puede ser!
LANCE: Ojalá no fuera cierto, pero nuestros mayores temores se han cumplido. Es el principio del fin, sino hacemos algo para evitarlo.
DÉMORA: Nada podemos hacer para evitarlo, pero por lo menos debemos plantar cara y morir luchando para conservar nuestras almas.
LANCE: Lind, es la hora de regresar, de abandonar el exilio. Debemos llegar al Valle Escondido. Necesitamos ayuda con urgencia. Conozco tu dolor, llevo viviendo con ese maldito dolor cinco años, cada mañana lucho contra ese dolor que amenaza con quebrar mi pecho en mil pedazos. Ella murió, le fallamos todos. No sólo tú. No fue culpa tuya, fueron mis decisiones. Tuve que elegir… pero debemos superarlo. El pasado ya no tiene importancia, debemos mirar a los ojos a la oscuridad del mañana. Te necesitamos. Sólo tú conoces los senderos ocultos que llegan al Valle.
(Mientras el montañés y el hombrecillo de cabellos verdes no cesan de comer, demostrando a las claras que se encuentran muertos de hambre, Linder se desploma en una silla enterrando la cabeza entre sus manos de largos dedos, sollozando. La mujer de oscura cabellera se sienta junto a él, posa su delicada y pálida mano, sobre los enjutos hombros del hombrecillo y toma un pequeño sorbo de la infusión. Lance se acerca a la chimenea descuelga el bastón de madera tallada acariciándolo con cariño y toma la cajita de cristal en cuyo interior reposa la hoja de plata de la repisa de la chimenea, abre la cajita y saca el broche plateado con reverencia y respeto. Se acerca a la mesa tendiendo la hoja de plata a Linder.)
LANCE: Tienes que decidir, Linder. Ven con nosotros o quédate aquí, pero has de saber que de tu decisión puede depender el destino de todos.
(Linder observa con consternación la mano tendida de su compañero de armas y el plateado broche.)
 
(Una ciudad enorme junto al mar, bajo las faldas de una escarpada montaña coronada de  nieve. Un puerto plagado de barcos de velas blancas. En el centro de la ciudad hay un palacio enorme de altas torres y gruesos muros, descendemos como un halcón volando sobre la ciudad en círculos lentos y largos hasta llegar al patio de armas del palacio. Dos jóvenes muchachos practican con embotadas espadas de entrenamiento ante la atenta mirada del viejo maestro de armas y un muchacho delgaducho y desgarbado sentado junto a él en un barril de madera.)
FERRERO: Ves Jax, tu señor, finta siempre anticipándose a los movimientos del príncipe, es metódico y preciso en sus movimientos, será un gran caballero. Un orgullo para el pueblo de Nordar. Y el príncipe, a pesar de ser dos años menor y medir un palmo menos que el joven conde, compensa estas carencias con agilidad, velocidad y arrojo. Tus ojos contemplan a dos futuros maestros de la canción de las espadas.
(El muchacho observaba maravillado la compleja danza entre los dos luchadores con ojos soñadores, que brillan todavía más cuando la princesa desciende de la torre hasta el patio de armas, seguida por sus damas de compañía y Märmol el jorobado y contrahecho bufón de la corte. Es una pálida belleza de hermosos ojos azules y rizos dorados que brillan juguetones con el sol, vemos claramente la turbación en el rostro y los gestos del muchacho al tener tan cerca a la princesa que se coloca justo a su lado, tan cerca que casi puede sentir el calor de su piel, para observar atentamente la lucha entre su hermano y el joven hijo del conde. Tanto él como el viejo capitán de la guardia, hacen una profunda reverencia a la princesa.)
FERRERO: Alteza.
IRAITH: Buen día, capitán el sol luce en lo alto y el aire es tibio y reconfortante.
FERERO: Así es princesa.
IRAITH: ¿Qué tal lo hace mi hermano, capitán?
FERRERO: Precisamente le decía a este jovencito que estamos presenciando el nacimiento de dos hombres de armas de los que Nordar podrá sentirse orgulloso.
(La princesa fija la mirada en Jax, que tiene todo el aspecto de desear ser tragado por la tierra en ese momento, pero la muchacha le sonríe con calidez.)
IRAITH: ¡Vamos Isdil! (Los gritos de ánimo de la princesa llegan a su hermano a través de los continuos ruidos secos que producen las espadas embotadas al chocar en la confrontación, pero no tienen demasiado éxito porque finalmente el príncipe es desarmado por su oponente de mayor tamaño y experiencia)
(Cuando la princesa y sus damas se acercan a charlar con el príncipe Isdil y el joven conde, acompañadas de Ferrero, Jota se vuelve a sentar en el barril sin apartar la vista de la deslumbrante muchacha.)
MÄRMOL: Veo, en tus ojos, jovencito, que sueñas con princesas, espadas y aventuras. Con guerras y batallas en las que demostrar tú valía. ¿Cuál es tu nombre muchacho?
JAX: Me llaman Jax… mi verdadero nombre nunca lo supe.
(El viejo bufón jorobado observa con curiosidad al muchacho. Escrutándolo con suma atención como si leyera en su mente y calibrará su corazón)
MÄRMOL: Jax… tienes el nombre de la décima runa. La runa del corazón. Es un nombre de poder… Sí, muchacho, para tu desgracia es posible que tus sueños se cumplan. Ten cuidado con lo que sueñas, joven amigo, pues puede que te arrepientas de haber tenido pensamientos semejantes. Y para entonces ya sea demasiado tarde. Volveremos a hablar, jovencito con nombre de runa.
(Dicho lo cual se aleja renqueando hacia la princesa y el príncipe. Dejando a Jota completamente confundido.)
 
 
(Nuestros ojos ven un monasterio en las montañas. Es noche profunda, cargada de espesa niebla que cae como una manta sobre el edificio de piedra. En una de las torres del monasterio, luce una luz. Nos internamos por la alta ventana y allí encontramos una vasta biblioteca llena de libros y pergaminos. En una mesa redonda rebosante de legajos y manuscritos un hombre delgado de escaso cabello entrecano lee un pergamino a la pálida luz que arde en el interior de una lámpara. Un anciano le observa desde la puerta de la sala.)
ABAD: Este lugar es un centro de sabiduría y estudio, Dion. Pero incluso el ansia de conocimiento debe ser cuidada a veces con el descanso. ¿Cuánto tiempo llevas sin dormir?
DION: Unos pocos días. No se preocupe eminencia, aun no estoy cansado estoy a punto de descubrirlo. Después de veinticinco años, perdido, de pergamino en pergamino, de carta en carta, de libro en libro, tras muchas pistas erradas y caminos cortados, sin salida, lo tengo casi delante de mis ojos.
ABAD: Si mueres de agotamiento sobre tu descubrimiento, amigo mío, de nada habrá servido. Los libros y las palabras, los pergaminos y su contenido seguirán aquí mañana. En la cocina me han dicho que hace más de un día que no pruebas bocado, tienes que parar, Dion.
DION: No lo entiende maestro… estoy tan cerca… llevo toda la vida en busca del legado que me dejo mi padre antes de morir. He llegado hasta aquí y ya no puedo parar. Pero no os preocupéis maestro algo me dice que de esta noche no pasa, que lo busco se mostrará ante mis ojos en breve, las pistas son cada vez más claras, estoy estrechando el cerco.
ABAD: Como desees, Dion. Pero me aseguraré de que mañana comas y descanses aunque sea por la fuerza, tienes hasta el alba, antes de que envíe a dos hermanos a que te acompañen a tu celda.
(El viejo sale y deja a Dion, enfrascado en sus estudios, lo acompañamos durante horas,  de libro en libro, de pergamino en pergamino, perdidos en un mar de palabras ilegibles. De uno de los pesados libros que  toma de de las estanterías cae una hoja.  Entonces su faz se ilumina y pasa sus dedos por un dibujo impreso en la hoja. Es el dibujo de un extraño artefacto en forma de cubo perforado por un lado, con finos relieves dorados, Dion saca de la bolsa de cuero que porta a la cintura un artefacto igual al que está dibujado en el pergamino.)
DION: ¿Qué lenguaje es este? Que mis ojos desconocen y mi cerebro se niega a leer. No puede ser, burlado en el último momento, otra vez. Padre que maldito juego. Tanto me odiabas para embarcarme en semejante búsqueda sin fin detrás de engaños y quimeras.
(Con furia arroja el libro donde se encontraba la hoja con el dibujo al suelo y llora de desesperación sobre la mesa. Después de un tiempo alza los ojos y toma el libro en sus manos.)
DION: Este libro pertenece a la biblioteca del templo de Thale en Krannak. ¿Un nuevo destino padre? Un nuevo juego, una nueva pista falsa. Krannak por todos los dioses como voy a llegar a ese lugar maldito.
(Entonces escucha los ruidos y los gritos que llegan del exterior se asoma a la ventana de la torre. El monasterio está siendo atacado. Hay fuego por todas partes. Un grupo de hombres armados degüella sin escrúpulos a los estudiosos que corren por el patio en busca de la muerte.)
ULUREL: Dimé,  ahora sabio amigo: ¿De qué te ha servido todo el saber que has acumulado durante toda tu miserable vida enfrentado a la fría verdad de mi acero? (Una  enorme figura sombría, que parece estar echa de oscuridad primigenia,  clava su espada de negro acero en la boca del abad, destrozando su boca y sus dientes atravesando todo su cuerpo. Después extrae la espada con fuerza reventando el cuerpo que cae inerte en un charco de sangre todavía caliente. La Sombra alza sus ojos hacia la ventana de la torre en la que se encuentra observando un horrorizado Dion que no da crédito a lo que sus ojos ven. El ser atrapa a otro monje que corría junto a él escapando de sus perseguidores. Lo toma con una garra helada por el cuello alzándolo como un pelele por encima de su cabeza) Busco a Dión, hijo de Dinavane, eres tan amable de revelarme su paradero. (El monje alza los ojos hacia la torre y señala con su dedo a la ventana donde se encuentra un todavía paralizado Dión) Gracias. (El rostro del monje comienza a ennegrecerse como si su sangre se hubiera vuelto espesa y negra. Sus ojos se llenan de un polvo oscuro y su cabeza explota deshaciéndose en cenizas. Ulurel comienza el ascenso hacia la torre mientras sus esbirros terminan su trabajo, dando muerte a los últimos monjes indefensos, las llamas arden con viveza dando buena cuenta de los muros y de lo que hay en el interior del monasterio, pergaminos y libros, miles de años de conocimiento)
 
Fin del primer capítulo… CONTINUARÁ?
        Depende de vosotros que continúe.

2 comentarios:

  1. ¡Sin duda deseo que continue esta historia, es fabulosa! :)
    Un abrazo

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  2. Muchas gracias. Me alegra saber que te ha gustado, ya que eres todo un experto en fantasía épica :) Esperemos que la historia continúe. Un abrazo.

    ResponderEliminar

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This Work (LA OSCURA REALIDAD / http://microcuentosfantasticos.blogspot.com.es by Gonzalo Esteban Díaz/) is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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