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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

sábado, 29 de agosto de 2015

LA JOVEN PARCA


 

La muchacha regresa a la casa junto al lago, acude allí siempre que puede, siempre que su trabajo le deja un instante de calma, acude en busca de paz y serenidad. Desde que tiene recuerdos ese tranquilo lugar  ha atraído a su persona como un imán.  En los últimos tiempos acude más  a menudo, para contemplar a las tres niñas que se están convirtiendo en mujercitas ante sus ojos. Durante los últimos años las ha visto jugar, reír y llorar, charlar de sus cosas como hermanas, enfadarse y pelearse,  perdonarse y abrazarse. Las ha visto crecer, física y mentalmente. Ha visto  llorar, a moco tendido, a Cris el día que tuvo que ir al dentista a ponerse el aparato dental, ha escuchado el  llanto quedo de Nuria cada noche cuando se duerme y ha espiado a Alicia mientras escribe, a escondidas, historias y recuerdos de su padre, en un viejo cuaderno de tapas negras que oculta bajo su cama, como su mayor tesoro.

La muerte de su padre siempre está presente en la vida de las tres muchachas. Fue un trauma difícil de superar  que marcó su infancia. Las dos mayores acosadas por los recuerdos, la pequeña por el tremendo vacío, la enorme ausencia que dejó en sus vidas que nadie ha podido llenar. La madre jamás superó el dolor producido por la trágica muerte de su esposo y vaga por la cabaña junto al lago como un fantasma, casi ajena por completo a la vida de sus hijas que han tenido que criarse, sólo bajo la vigilancia de la muchacha que viene a visitarlas, de cuando en cuando, en cuanto su absorbente trabajo se lo permite.


Pero la muchacha no sabe qué hacer para ayudar a esta familia que ha quedado a su cargo. Cuando ocurrió el suicidio del padre de familia, ella prometió cuidar de las pequeñas y de la mujer, pero qué sabía ella de familias, de niños y de educación. Además como se puede cuidar de alguien, sin atreverse a mostrarse ante ellas como lo que de verdad es.

La mayor parte del tiempo las vigila paseando entre ellas, invisible a sus ojos, pero alguna vez las visita en carne y hueso, haciéndose pasar por la asistente social que entró en su vida después del suicidio de su padre, ayudándolas a rehacer su camino, consiguiendo un trabajo para su madre,  además de aportar un importante dinero surgido como por arte de magia de una herencia, tras la muerte de una lejana tía a la que nadie recordaba; en esa herencia venía incluida la cabaña en el lago, que atraía tanto a la muchacha que había terminado por comprarla. Cuando se había hecho cargo de esa familia pensó que no había mejor lugar en el mundo que esa idílica cabaña para que allí pudieran empezar una nueva vida. 

Después de estar observando un rato a Cris y Nuria jugando junto al lago, decide buscar a Alicia que seguro está entre los árboles del bosque, escribiendo en su cuaderno, pues siempre busca el silencio y la soledad para escribir.

Cuando finalmente la encuentra, en un claro del bosque, la niña no se halla sola. Está acompañada por un hombre obeso y calvo. El hombre charla amigablemente, mientras Alicia, no muy interesada en sus palabras, fija una y otra vez la vista en su cuaderno, dando a entender que es hora de que la deje continuar con lo que estaba haciendo. La parca puede ver claramente que los ojos del hombre no se apartan de la niña, en cuanto ésta baja la vista hacia sus textos, la mirada se torna viscosa como un gusano desplazándose por la piel.

Entonces la parca tiene un recuerdo claro y directo, como un cegador destello de brillante luz, como un puñetazo en la boca del estómago: el cuerpo de ese hombre sobre el suyo, su aliento que apesta a podredumbre, bajo un dulce olor a menta que no puede disfrazar el hedor, cuando su boca se posa sobre la suya, las manos rollizas y sudorosas del hombre palpando obscenamente su cuerpo con nerviosismo. Se encuentran en la cabaña, la misma cabaña donde ella ha traído a vivir a sus niñas y a la madre. La cabaña de su intenso recuerdo está llena de rosas y una música romántica surge de un viejo tocadiscos. Nieva en el exterior, mientras ella se encuentra desnuda, atada en la cama y siente el frío roce del cuchillo sobre su cuello. Ve la sangre bañando la cama y percibe como su vida se escapa, gota a gota…

Las parcas no tienen recuerdos concernientes a la vida anterior a su muerte por lo que el impacto, que esos recuerdos perdidos provocan en la joven, es tan fuerte que todo a su alrededor se vuelve sombrío y la oscuridad cubre sus pensamientos por completo. Jamás ha sentido nada parecido, por eso su mundo se tambalea y pierde la noción del espacio y del tiempo, internándose en un territorio inexplorado. Cuando regresa desde las sombras del recuerdo a la realidad, ve a la pequeña y dulce Alicia, bajo el enorme cuerpo del hombre, el mismo hombre que la mató en aquella cabaña diez años atrás.

No puede evitarlo, en un acto reflejo, grita y se hace corpórea, surgiendo de la nada junto al árbol, detrás del hombre que está forzando a Alicia. Toma una pesada roca del suelo.

— Tú— dice el hombre que le arrebató la vida, reconociendo su bello rostro, de ojos grises y labios sensuales, al instante.— No es posible… estás muerta.

— Sí, estoy muerta— dice la parca— Tú me violaste, me mataste y echaste mi cuerpo al lago.

Golpea con la roca la cabeza del hombre, una y otra vez, mientras repite con voz ausente:

— Me violaste, me mataste y echaste mi cuerpo al lago.

Golpea hasta destrozar su cabeza y su rostro, sin cesar de murmurar:

— Me violaste, me mataste y echaste mi cuerpo al lago.

Cuando termina la cabeza del hombre está destrozada, Alicia se abraza a la joven parca, sollozando, musitando agradecimientos incoherentes, pero de pronto la niña se queda completamente paralizada, como una estatua.

— ¿Qué has hecho?— pregunta la Vieja Muerte a su espalda.

Ella deja caer, asqueada, la pesada roca, completamente teñida de sangre.

— Su nombre no estaba en las listas. No era su hora. No tenía que morir hoy— dice la Vieja.

— Ha matado a muchas niñas, me mató a mí, iba seguir matando…

— Sí— asintió la vieja,— iba seguir matando. Muchas niñas estaban destinadas a sufrir en sus manos, destinadas a ser violadas y asesinadas, pero eso no es de nuestra incumbencia. Los humanos tienen que vivir y morir, no podemos intervenir ni en su vida ni en su muerte, esas son las reglas.

— ¡Tú te saltas las reglas cuando te viene en gana!— grita la parca furiosa.— ¡Ese hombre me violó, me mató, arrojó mi cadáver al lago, mis huesos aún siguen allí, devorados por los peces! ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejar que matara a la niña? ¿Es lo que tú hubieras hecho, verdad?

La vieja Muerte se mantiene en silencio durante unos instantes eternos, se acerca al cuerpo inmóvil de Alicia que no percibe nada de lo que tiene ante sus ojos, por mandato de la anciana. Acaricia sus cabellos oscuros y su mejilla con cariño.

— Me gustas, muchacha— le dice, finalmente, la vieja a la parca.— He permitido ciertas irregularidades en tu camino, pero esto ha llegado demasiado lejos. Eres una parca, la muerte te acompaña a cada paso, estas vidas humanas, nada deberían suponer para ti. Ni siquiera tendría que estar en este lugar, si no fuera porque tú la trajiste aquí.

— ¿Quieres decirme que iba a morir, por mi culpa?

— Sí— asintió la vieja con verdadero pesar.— Eres una parca, ya nunca volverás a ser humana. Debes comprender. Debes de dejar de pensar como un ser humano. El mundo tiene que seguir su curso. Ella debía morir hoy… y morirá hoy.

— ¡No!— grita la joven parca.

Pero ya es demasiado tarde. Todo ha vuelto a la normalidad. El tiempo ha regresado unos minutos atrás. El hombre calvo y gordo charla con Alicia, mientras ésta, apoyada su espalda en el tronco de un árbol, no deja de leer lo que acaba de escribir en su cuaderno de gastadas tapas negras.

— ¡Se lo prometí!— grita desesperada la joven parca, revolviéndose, sollozando en los firmes brazos de la Vieja Muerte que la sujetan como cadenas.—          Le prometí que cuidaría de ellas. ¡Por favor!

Pero la Vieja Muerte sostiene a la parca, inflexible. Entonces la parca ve los ríos de lágrimas que corren por las pálidas mejillas de la vieja y comprende el profundo dolor que acosa el corazón de la muerte al hacer lo que tiene que hacer.

— No tienes porque ver esto— dice la anciana, abrazando, ahora con cariño a la muchacha, acariciando su corto cabello rubio con ternura. Puedes regresar a la morada si quieres.

— No— niega la parca, sin dejar de llorar.— Estaré con ella hasta el final. Se lo prometí a su padre.

Cuando todo termina la Vieja Muerte y la joven parca, aguardan a Alicia para acompañarla en su último viaje, llorando durante todo el trayecto.

2 comentarios:

  1. Este relato me gusta mucho porque a pesar del tema tan manido de los abusos, lo trata de un modo diferente, aparte de que no es el tema principal. Es secundario y el tema moral que se plantea es muy interesante.
    Gracias, Esteban, por entretenernos con tus relatos.

    Saludos.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Isabel. Es un tema muy duro y una cuestión moral interesante. Saludos.

      Eliminar

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This Work (LA OSCURA REALIDAD / http://microcuentosfantasticos.blogspot.com.es by Gonzalo Esteban Díaz/) is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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