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LA OSCURA REALIDAD

LA OSCURA REALIDAD

lunes, 12 de octubre de 2015

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA PARCA


El viejo hospital es un sumidero de dolor y desesperación. Sus blancos pasillos están impregnados de lágrimas y sollozos ahogados, de rabia e impotencia, de muerte y sufrimiento. Una enfermera cabizbaja cruza en silencio como un sombra hacia la sala de urgencias, donde alguien está a punto de morir, mientras otros luchan por su vida con sus últimas fuerzas, en una lucha desesperada.

Apoyada en la blanca pared se encuentra una joven menuda vestida de oscuro, cabellera rapada, ojos rasgados y aspecto hastiado. Bosteza sin cesar, mirando la hora de un reloj de pared en la sala de espera, a cada instante, como un gris funcionario, a última hora de la mañana, cuando no ve el final de la jornada laboral para escapar de la prisión de su trabajo.

Es su momento. Los médicos que intentaban reanimar el cuerpo de la niña han fracasado. Llega su turno.

— Hola— dice con hastío, saludando a la confusa niña.

— ¿Qué ha pasado?— pregunta la pequeña, mirando a la muchacha de la cabellera rapada con desconcierto.

— Me temo que estás muerta— contesta la parca, sin prestar mucha atención a la niña.— Tienes que venir conmigo.

La niña mira a la extraña joven con ojos como platos, sin dar crédito a sus palabras.

— Pero si estaba jugando en el parque de atracciones con mis amigos…

— Por lo visto la atracción falló… y aquí estás.

— Pero tenía toda la vida por delante. Mi primer beso….

— Nada. Tu vida y tus sueños se acabaron. No hagas más preguntas y ven conmigo.

— Pero…

— Nada de peros— insiste la parca con enojo.— Cierra la boca, mocosa, y dame la mano.

La niña rompe a llorar y la parca la observa un tanto incomoda, sintiéndose un poco culpable por haberla hecho llorar.

— Bueno, bueno. Lo siento no he tenido un buen año ¿sabes?... La verdad es que he tenido uno de esos años horribles. Primero me morí, pero resulta que para mí la muerte no fue como para los demás. Me convertí en una parca… ¿sabes lo que es una parca?

— No— respondió la niña, que había dejado de llorar y miraba con precaución a la muchacha de cabeza rapada, atenta a sus continuos cambios de humor.

— Una parca es una esclava, pequeñaja— contó la parca, muy enfadada.— Una esclava de la Vieja Muerte, como si no tuviera bastante con  haber muerto, la Vieja se creyó con el derecho de hacerme su esclava.

— ¿Y qué es lo que hace una parca?

— Las malditas parcas acompañan, eso es lo que me dijeron… joder, que mierda de trabajo. Por si fuera poco mi turno es en este maldito hospital, donde cada segundo parece una eternidad.

— No me parece mal— dice la niña.

— ¿Cómo?— pregunta la parca que no presta demasiada atención a la pequeña, ensimismada en sus oscuros pensamientos.

— Lo de acompañar— afirma la pequeña.— Todos necesitamos que nos acompañen en los malos momentos. Mira— dice, señalando con infinita tristeza el cristal detrás del cual su familia acaba de recibir entre llantos la noticia de su muerte,— mi familia está en esa sala. Me han acompañado hasta el final y ahora me acompañas tú en este nuevo camino, para que no esté sola.

— Pues a mí la parca que me acompañó ante la Vieja ni siquiera me dirigió la palabra. Así que fíjate tú la compañía que yo tuve. ¡Era como una maldita estatua! Muda y fría como un tempano de hielo. Por lo visto estaba acostumbrada a acompañar a grandes personajes y yo para ella no era nada, no era digna de una palabra de aliento ni de una mirada amistosa. ¡Menuda estúpida! Ahora, cuando me cruzo con ella en los largos pasillos de la ancestral morada de la Vieja Muerte, me dan ganas de cruzarle la cara de un bofetón, pero su poder dentro de la hermandad de parcas se encuentra a años luz del mío. Ella ya acompañaba en su paso al otro lado, hace miles de años, a jefes tribales que conquistaron extensos territorios y derrotaron a grandes rivales y después a emperadores y a papas, o por lo menos siempre se está jactando de ello. Seguro que con esos muertos tan importantes todo son sonrisas y palabras bonitas, pero para mí nada de nada. ¡Será zorra!

— Entiendo— dice la niña, tomando con su manita la delgada mano de la joven parca de cabellos rapados. La parca siente el contacto de los dedos de la pequeña acariciando dulcemente el dorso de su mano con cariño y afecto.

— Lo ves— comenta la parca.— La muerte es una putada. Tú no deberías estar muerta. No te lo mereces. El mundo está lleno de capullos, ladrones y asesinos, violadores, padres que abusan de sus hijos o maltratan a sus mujeres, hijos que se aprovechan de sus padres y les quitan hasta la última moneda de su miserable pensión, mientras los dejan morir en grises residencias, todavía más terribles si cabe, que esta mierda de hospital. Y la Gran y Poderosa Vieja Muerte se lleva a una niña inocente como tú en su lugar. No puedo entenderlo, por mucho tiempo que lleve trabajando en esto, no me entra en la cabeza.

— Sí— asiente la niña con tristeza.— Es una… pu… putada.

La pequeña parece divertida al pronunciar la palabrota.

— ¡No digas tacos!— la reprenda la parca.

— ¿Y qué vas a hacer, matarme?

Las dos se echan a reír, a la vez, con sendos ataques de risa.

— Se me hace tarde— murmura la muchacha de cabeza afeitada, echando un rápido vistazo al reloj de pared.— ¿Quieres acompañarme?

La niña asiente. La parca toma su pequeña mano y las dos avanzan por el pasillo y suben a la planta superior.

— ¿Quién va a morir?— pregunta la niña, mirando las puertas con un poco de inquietud.

— Un viejo que lleva meses en coma— responde la parca, abriendo la puerta de la sala 203.— ¿Puedes imaginar algo más aburrido?

El viejo se muestra agradecido cuando por fin da el paso al otro lado, dejando atrás una larga convalecencia en coma.

— ¿Te has dado cuenta de lo contento que estaba? — pregunta la niña con una sonrisa.—  Llevaba mucho tiempo esperándote,  por lo visto tú llegada no siempre es mala. Él estaba deseando que lo sacáramos de aquí.

Después acuden a urgencias, donde un chico de unos veinte años ha sido llevado después de ser atropellado por un camión cuando paseaba en bicicleta. El chico por su parte se muestra incrédulo. Piensa que sólo es un sueño y que eso no puede estar pasándole a él. Que pronto se despertará en su cama, dispuesto para un nuevo y maravilloso día de su estupenda vida. La parca no le aclara que no es ningún sueño simplemente se impacienta y quiere hacerlo avanzar, pero la niña, pacientemente, le explica lo que le ha pasado a ella y también su situación actual. Finalmente el muchacho acepta su destino y cruza al otro lado por propia voluntad.

Durante una hora aguardan a su siguiente cliente jugando al veo, veo en el hospital, pero la niña gana siempre. Tiene la mirada ágil y la mente despierta. Es una buena compañía.

El siguiente muerto es una anciana que llega hasta ellas después de sufrir un fallo respiratorio. La anciana con todas sus labores realizadas en vida y muy orgullosa del camino de sus días, se muestra muy feliz y contenta de recibirlas. A la viejecita la niña le hace acordarse de sus nietas y no para de revolverle el pelo, llenarla de besos y pellizcarle las mejillas.

— Bueno, se acabó— dice la parca, una vez que la anciana ha llegado a su destino— Está era la última. En las próximas horas nadie morirá en este hospital, podemos tomarnos un descanso.

Sentadas en el triste jardín del hospital, acompañadas por la música prestada por las sirenas de las ambulancias que llegan con frecuencia charlan de la vida y la muerte.

— ¿Qué hacías antes de morir?— pregunta la niña con curiosidad.

— No lo recuerdo— responde la parca.— Ninguna recordamos nuestras vidas antes de la transcendental conversación con la Vieja, tras la cual nos convertimos en sus esclavas.

— ¿O sea que tu madre puede estar por ahí, viva y echándote de menos?

— Supongo que sí— admite la parca.

— ¿Y por mucho que te esfuerces no puedes recordarla? Yo no creo que pasará lo que pasará, nunca podría olvidarme de mi mamá.

La parca se da cuenta de que nunca ha intentado recordar.

— No lo sé— musita pensativa

— Inténtalo— insta la niña, tomando la mano de la parca.

La parca de cabeza rapada cierra los ojos e intenta recordar. Al principio sólo ve oscuridad, pero pronto las sombras comienzan a aclararse un poco, aunque al momento sus recuerdos se vuelven a oscurecer.

— No puedo.

— Sigue intentándolo— le apoya la niña, apretando con intensidad su mano, transmitiéndole sus fuerzas.

Vuelve a cerrar los ojos y lo intenta con toda su alma.

Entonces se ve sentada en el jardín de una pequeña casa, tomando café con una mujer de mediana edad de cabellos oscuros y una sonrisa maravillosa en los labios.

Los ojos se le llenan de lágrimas de alegría.

— La recuerdo. ¡Oh! ¡Qué guapa era!

La niña se queda en silencio un buen rato, finalmente dice:

— ¡Tengo una idea genial!

— ¿Y cuál es esa idea?

— Vamos a encontrar a tu madre.

— ¿Cómo?— preguntó la Parca.

— No estoy muy segura, pero algo se me ocurrirá.

— ¿Quieres que abandone mi labor?

— Así es.

La parca sonríe, sopesando la loca idea de la niña.

— ¿Y  qué hacemos con mi trabajo?

— Alguna otra parca se encargará, ¿no?

— Supongo que sí.

 — Pues eso.

— ¿Y qué dirá la Vieja Muerte?

— Estamos hablando de tu mamá: ¿qué importa lo que diga la Vieja Muerte?

— ¡Tienes razón!— exclama la parca de cabeza rapada, dejándose llevar por la ilusión de la niña.— ¡Vamos a encontrar a mi madre!

— ¡Vamos!— grita la pequeña, tomando la mano de la Parca. Las dos cogidas de la mano abandonan el gris hospital, dejando atrás la pesadumbre, en busca de una pequeña esperanza.

7 comentarios:

  1. Ahhh buenisima historia. Original y entretenida a pesar de su oscura base. Me la leí de un tirón. Hasta las parcas necesitan compañía y alegría en su labor de vez en cuando y que mejor que una criatura para endulcificar su trabajo. Un abrazo!

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    1. Muchas gracias, Mendiel. Encantado de que te haya gustado. Un abrazo.

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  2. ¡Me chifla este relato! Esa parca me dejó tocada...¡besitos!

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  3. Tengo una 'amiga' a la que también le va a encantar.
    Saludos.

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  4. Historias como estas le hace a uno pensar incrédula uno a los acontecimientos después de la muerte en el día a día de nuestra carrera, si existen esos seres o almas o parcas a recogerte o acompañarte en ese duro momentos, solo se que la narrativa del autor me atrapo en esta historia, me encantaría saber mas de el.

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    Respuestas
    1. Hola Eunice, bienvenida a La oscura Realidad, está es tu casa y hay un montón de habitaciones en las que puedes conocer más sobre el autor. Espero que disfrutes del paseo. Un saludo.

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This Work (LA OSCURA REALIDAD / http://microcuentosfantasticos.blogspot.com.es by Gonzalo Esteban Díaz/) is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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